Caí en una grieta que no ví en el camino,
y la grieta era espaciosa y callada.
En ella cabían mis anhelos, mis sueños y esperanzas.
En ella quedaron mientras caminaba.
Habían rocas de colores mudados,
de colores sonrientes y olvidados.
Caminando me sumergí en el pensamiento
sintiendo el filo de mi memoria
queriendo cortar mis venas.
A través de la oquedad, contemplé la
noche cuando mis pasos detuve.
Entoces ví el fulgor de la estrella amarilla,
la estrella que canta mis triunfos y alegrías...
Y la estrella calló sus más dulces melodías.
No gocé la danza de las abejas,
ni el ritual de la reina en su boda.
Al pasar los días pude salir
y mientras trepando, un sismo
derrumbó sus paredes de tierra y rocas.
Todo quedó sepultado.
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