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Inicio / Cuenteros Locales / jazbel / La mujer frente al espejo

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Por Jazbel Kamsky

LA MUJER FRENTE AL ESPEJO

En una habitación, yace una mujer desnuda frente a un espejo de tocador, admirando su esculpido cuerpo, cambiando de ángulos muy lentamente y parando en aquellos que exaltan aún más su belleza. El latido de su corazón acelerándose cada vez que se observa más bella que antes. Ese corazón alguna vez latió muy fuerte también de amor propio, de amor por la aventura, por descubrir emociones más intensas y crear nuevos mundos; por sentirse vivo. Actualmente, ese corazón se condiciona a latir por ambición de querer ser admirada sólo como un objeto sexual, un objeto que equivocadamente es llamado “mujer”.

Tocan a la puerta de la habitación, la mujer deja por un momento su vanidad de lado y, contesta desde el tocador: --Un momento por favor… Mientras se retoca con maquillaje el rostro y, se viste con una delicada bata de seda de color rosada. Una voz carraspeada le responde detrás de la puerta: --Buenos días Srta Dariana, mi nombre es Antonio Córdova, he viajado desde muy lejos para poder entrevistarme con usted, y asimismo solicitarle me dé la oportunidad de retratar su extraordinaria belleza.

Al abrirse la puerta, frente a los ojos de Antonio, una exuberante mujer se deslumbra sin igual, delineada por una tenue luz que realza la textura natural de su juvenil rostro de tan sólo veinte años de edad. Sus carnosos labios empezaron de pronto a moverse: --Usted debe ser el famoso pintor Antonio Córdova. Dirigiendo la mirada a aquel viejo hombre de apariencia un tanto descuidada, quien cargaba con recelo, bajo el brazo derecho, algunos lienzos de diversos tamaños.

Antonio, observándola fijamente, asintió con la cabeza y continuó: --Es verdad lo que traen los vientos, es usted una mujer realmente bella. Admirando sus llamativos ojos turquesas, prosiguió: --Soy capaz de naufragar en la inmensidad de su mirada, y perderme definitivamente en ella, junto con la razón. Los Dioses me bendecirán si me da la oportunidad de mostrarles su extraordinaria belleza.

Recostada en el marco de la puerta, abrazada por una suave pincelada de luz que exacerbaba aún más su atractivo, rozó sus labios haciendo el ademan de silencio, y después de breves segundos, prosiguió: --Muchas gracias por el cumplido Antonio, será más bien para mí un placer el tener la dicha de ser retratada por un pintor mundialmente reconocido. El hombre entusiasmado, dejo caer al suelo los lienzos que cargaba y, abalanzándose sobre la exuberante mujer, la abrazó diciendo: --Estoy a merced de su tiempo, mi querida damisela, soy desde el día de hoy su esclavo incondicional.

Por la tarde, en la habitación de la joven mujer, se admiraba por un ventanal de la sala, como un delicioso ocaso dibujaba unas finas melenas de fuego en el horizonte que contrastaban con el azul oscurecido del firmamento. La bella modelo echada en una alfombra afelpada y rodeada de almohadas de pluma de ganso, ambas blancas como la nieve, posaba frente al pintor; quien realizaba sus primeros bosquejos.

Antonio, delatado por una sonrisa, denotaba el éxtasis de plasmar los hermosos atributos de Dariana en sus lienzos, esbozando en sus bosquejos una diversidad de ángulos y posiciones de la modelo en la búsqueda de expresar la mayor magnitud de su singular belleza. En contraste, la mujer del espejo se muestra cada vez más indiferente al apreciar sus dibujos.

Pasado algunos días, y sentada frente al espejo de su tocador, la bella modelo sumergida en una profunda melancolía le inquirió a su imagen: --¿Si soy la mujer más bella de estas tierras, porqué un pintor tan experimentado como Antonio no puede plasmar mi belleza con su mayor esplendor en un lienzo? Irónicamente la mujer más bella a vista de todos no se veía tan bella así misma.

La imagen reflejada en el espejo empezó de pronto a moverse sin que la mujer sentada al frente del tocador moviese algún músculo, y señalándola le exclamó: --¡Tú no eres la mujer más bella de estas tierras, sino yo; la que se refleja en este espejo!… ¡Tú ves lo que tus ojos te permiten ver! ¡Tú ves, pero no has aprendido a mirar!

Un tanto confundida observó pasmada como su imagen reflejada en el espejo se deformaba formando círculos concéntricos blancos y negros, mostrando difusamente la imagen de una pequeña niña jugando con arena de playa quien le solicitaba ayuda para construir un castillo de arena. –Sí, recuerdo a esta pequeña. Asintió con la cabeza. --Me encantaba jugar con arena, y me reí tanto ese día en la playa, ayudándola a construir torres y muros de arena mojada. Sonrió al recordar.

El espejo fue deformando nuevamente la imagen, se admiraba ahora el rostro enfurecido de una mujer señalándola con el índice: --¡Qué haces ensuciándote toda, tú no eres una niña cualquiera, eres una princesa, y una verdadera princesa no juega con arena, ni se revuelca en lodo! Era su madre quien la regañaba.

Su reflejo volvió a visualizarse en el espejo: --Te das cuenta ahora… ¡Tú solo ves, pero no puedes mirar! La mujer ante el espejo exclamó: --¡Qué no puedo mirar! El reflejo respondió con firmeza: --¡No puedes mirar la real belleza!... Dariana, recriminó entonces: --Si todos los días me miro al espejo y me admiro, los hombres de estas tierras me dedican poemas y me crean canciones por ser la más bella entre las bellas… ¡Hay algo malo en ello! La mujer frente al espejo se mostró soberbia ante su propia imagen.

La imagen reflejada ante el espejo volteándose de cabeza respondió enérgicamente: --Tú reflejo en mí, no te deja explorar tu real belleza, el hecho de sentir con los cinco sentidos, de vivir, de no ser sólo parte de una imagen creada por tu mente y reflejada en mí, sino explorar realmente quien eres tú… De mirar a través de tus recuerdos y descubrir quién eres tú como mujer.

Frente al espejo, la soberbia reflejada en su rostro cambió bruscamente a un profundo enojo: --¡Quieres decirme que no sé quién soy yo!... ¡Estás muy equivocada, yo sí sé quién soy yo!… ¡Soy la mujer más bella de estas tierras, así como la mujer más deseada! La imagen recriminó nuevamente: --Esa es la mujer que has fingido ser para ocultar tus verdaderos temores.

La mujer ante el espejo, más enojada que nunca exclamó: --¡Yo no tengo miedo a nada ni a nadie! --La imagen reflejada en el espejo continuó diciendo: --Tienes miedo a mostrarte tal como eres y no ser del agrado de los demás, tienes miedo de mirarte por primera vez y reflejarte en los corazones de otros, por eso te ocultas tras mi reflejo.
--¿Entonces dime quién soy yo realmente?... Interrogó la mujer con una creciente curiosidad a su propio reflejo, quién le respondió drásticamente: --Eres una mujer que no tiene identidad de mujer, que necesita aprender a conocer las emociones que guarda en su corazón y expresarlas, que necesita aprender a empatizar con los demás corazones, en vez de ocultarse tras una apariencia.

La mujer se levantó de su asiento, con los ojos llorosos, golpeó furiosa el espejo diciendo: --¡No necesito de ti para sentirme bien! Quebrándolo en el acto en cientos de pedazos dispersos en el suelo.

Cada pequeño pedazo de espejo fue reflejando la luz con intensidad creciente provocando una ceguera momentánea a la iracunda mujer. --¡No puedo mirar! Gritó a toda voz, mortificada. El pintor quien llegaba a la habitación, escuchó el intenso grito y preocupado exclamó: --¡Está todo bien Dariana! Con una voz quebrantada, la mujer reafirmo: --Si Antonio, está todo bien.

Al ingresar en la habitación, el pintor se percató que el gran espejo donde la mujer se realizaba algunos retoques estaba hecho trizas. Solo atinó a callar y continuó armando su trípode en el ambiente de alado, evitando algún comentario inoportuno.

La melancolía creciente de la mujer la motivó a interrogar al bohemio: --¿Por qué crees que soy la mujer más bella de estas tierras? Antonio, dejando de lado su labor por unos minutos, le contestó mirándola directamente a los ojos: --Eres la mujer que todo hombre sueña poseer. Sonrojada por la atrevida respuesta, la modelo volvió a interrogar al pintor: --¿Según tu experiencia dime entonces qué es la belleza de una mujer para ti? Tomándose un tiempo en responder, Antonio terminó diciendo: --La belleza de una mujer es indescriptible, solo se puede apreciar; como el florecer de una única rosa roja en un jardín al amanecer por las mañanas… Es asombrosamente mágico.

La bella modelo en silencio, con la mirada perdida, empezó a sumergirse en un ensueño. Soñó que se encontraba en una pradera, corriendo y riendo, se notaba muy feliz, sentía la luz reflejada en su rostro, el olor del pasto, el zumbido del viento; se sentía viva, no se preocupaba de verse despeinada, o con la vestimenta arrugada, entonces despertó. Se encontraba entre cuatro paredes, dudando incluso de su propia libertad.

Durante el descanso, se acercó al cuadro que tan animoso pintaba Antonio, asombrada al verlo se preguntó para sí misma: --¿Sabes Dariana de dónde proviene la verdadera belleza de este cuadro? Esbozando una sonrisa, se respondió con voz baja: --La belleza del cuadro que pinta Antonio proviene de su propio corazón, no del mío… --Antonio expresa muy bien lo que siente a través de sus lienzos, yo más bien estoy acostumbrada a que otros expresen lo bella que soy, pero no estoy segura ahora si realmente soy bella. El bohemio con cierto interés le solicitó repentinamente: --Puede Usted volver a sonreír como lo hizo hace poco. La mujer del espejo esbozó una espontánea sonrisa.

--Srta. Dariana, la pintura finalmente está terminada. Exclamó el pintor. La mujer del espejo dejó de posar, se levantó y se dirigió lentamente al aclamado cuadro. Tomándolo entre sus manos, suspiró profundamente, y exclamó: --¡Así me ven los hombres, como un simple objeto de placer! Procedió enfurecida a desgarrar el lienzo con sus uñas. --¡Está usted loca! Refutó el pintor, e indignado cogió algunos lienzos y procedió a marcharse.

Dariana, inhaló profundo, hambrienta de vida, sin esperar, gritó a los cuatro vientos: --¡Soy libre! Desde ese mismo día, empezó la difícil tarea de conocerse a sí misma, y aceptarse tal como era; no frente a un espejo de tocador, como lo hizo anteriormente, sino frente a su propio corazón.

FIN.

Texto agregado el 12-01-2015, y leído por 323 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
2015-01-13 02:12:35 Cuanta vanidad hay en esta mujer que lucha contra su propia conciencia, soberbia y engreída, su belleza es solo superficial y le toca aprender a ser bella internamente, desde el fondo de su corazón. Muy buen texto. Mil felicidades. Saludos Lgerprezmar
2015-01-12 22:19:51 La belleza de una mujer es mágica, como una rosa teñida por el rosicler del amanecer… ZEPOL
 
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