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Apago mi cabeza, y callo mi boca, me pierdo en el silencio y escucho, solo risas idiotas, comentarios aburridos, tan solo actos y acciones de lo absurdo, si, increíblemente monótono y cansador. Las voces de los artificiales: un sonido hostigador. Y al escuchar a todos hablar y mantenerme aun en silencio, posteriormente pienso, de nada me hubiese perdido si no hubiera nacido.


Si dios existiera, hace tiempo que me hubiese dado la espalda: se aburriría de mi aburrimiento.


Dejo pasar el tiempo haciendo absolutamente nada, pero paradójicamente estoy haciendo algo, y no es ni más ni menos que zambullirme en la nada misma.


En el peor de los malestares, jamás recurro ni a los amigos, ni mucho menos a los familiares. No creyendo en dios, mejor dicho, no existiendo dios alguno, tampoco recurro a la religión, ¿entonces? Recurro a la naturaleza y a mi manera de exprimir su belleza en medio del caos en que se vive. Me basta con esto también concluir, que en las peores desgracias, recurro a mí mismo, tan solo a mí, y al mundo.


En cualquier aspecto y grupo humano podemos extraer a las personas que valen la pena de las que no, a los nobles y honrados de corazón de los hipócritas, corruptos y criminales. Pero es, sin lugar a duda en la política, donde se nos presenta un velo que nos hace difícil, por no decir imposible, encontrar aquel alma digna, digamos, a la flor entre la escoria. Y es que esto es claramente entendible. ¿Cómo encontrar la sinceridad en medio de un cardumen de hipocresía?


La solución a mi penoso martirio, tan solo la deslumbro imaginándome tendido en la vereda, mirando pasar las nubes, y esperando que los gusanos se hagan un festín con mi carne.


Dentro de mi supuesta “negatividad”, (realista debo considerarme yo ciertamente) existe una esperanza, una esperanza que duerme, pero aun así, suele despertar en los momentos más inesperados. Tal vez no se encuentre la menor huella de ella en lo que escribo, pero eso es tan solo porque debo escribir, cuando el mundo y la vida, complotados, le vencen a mis ganas, sobrepasan mis esfuerzos logrando así, cruelmente, colapsarme.


Las únicas verdades, son pura y exclusivamente físicas y químicas. Podemos decir, que en la existencia, todo tiene su explicación, y si esta se desconoce, es solo porque el ser humano aun la ignora, pero su verdad esta tan solo ahí, al alcance de los dedos, pero en cambio, todo lo referente al hombre, puede ser relativo, digamos…sus ideologías y sus sentimientos, sus pasiones, sus guerras y sus calmas, sus triunfos y sus derrotas. Lo relativo forma parte de lo humano.


Hay algo que realmente produce una buena cantidad de histeria, y es el verse incomprendido por uno mismo.


La vida: un desgaste desgarrador, una breve tortura que parece eterna, un desencuentro melancólico que nos drena.


Todos nos sentimos distintos a los demás, una parte de nosotros nos cree un bicho raro y es eso, justamente lo que más nos iguala al resto.


Alejarse de todo, alejarse del cielo y de las rosas, del lenguaje numérico de la rutina y de los amigos, marcharse y no mezquinar en abandono, es sin duda, la mayoría de las veces, la única solución satisfactoria.


El mundo me dice que no tengo ni siquiera la intención de poseer lo necesario para poder vivir, pero yo tengo un libro en las manos, y la sombra de un árbol amigo como oasis del cual nutrirme y beber. El mundo dice muchas cosas, pide muchas cosas, pero ¿por qué es que labios ajenos me advierten? ¿Por qué y de qué? No tengo recuerdo alguno de que mi existencia a alguno de ellos interese.


Siento que no tengo amigos, aunque se supone que los tengo, pues yo creo que tengo gente que dice quererme y creo que a veces también yo los quiero.


La poesía es mi amor y mi odio, es mi lágrima y mi mueca.


Antes, fui un negativo, no obstante, estoy lejos de ser positivo. Digamos que el presente me bendice día a día con el aburrimiento de ser realista.


Soy un pobre fracasado, un gran fracasado o un agradable y lindo fracaso. Un millón de maneras de saberse fracasado.


Que enorme fracaso el de aquel, que en medio de la compañía, se siente, miserablemente solo.


Escribo mayoritariamente sobre los sentimientos del hombre, lo demás, son simples decorados de una existencia monótona, injusta, y en mayor medida, increíblemente indiferente.


Tendido sobre los pastos, mirando el cardumen de estrellas muertas y vivas, sintiendo el fresco aire nocturno como una brisa y un perfume de vida. En un momento así, es casi una obligación que el anhelo por la muerte se nos esfume.


Se me revuelve el estómago del asco al escuchar cuanto he decepcionado a los demás ¿pero acaso muchos de aquellos no me han decepcionado a mi día tras día, años tras años? La diferencia es que yo no pretendo torturarles la existencia recordándoselos.


La muerte es lo natural y a su vez el misterio, tan digna y traicionera, tan estimulante y tan desgarradora. Es, por asi decirlo, el único Dios en el que se debe creer.


Nuestra evolución nos llevo a la inteligencia, pero son los animales los que actúan verdaderamente con ella.

Traicionamos lo que amamos, a uno mismo o a un tercero por ejemplo. Nuestros amores son de hecho lo único que podemos traicionar.


Volví a caer, en esta invalides que me carcome llamada depresión, esta maldita enfermedad que me amputa las piernas, en la que es imposible que cualquier perteneciente a mi vinculo logre penetrar su oscuro e inmenso velo, encontrándome solo y perdido una vez más, y si bien la experiencia debería de ayudarme a tratar con ella, a encontrar un breve respiro en su tempestad, el tiempo no ha logrado saber llevarla. Ni los fármacos ni la terapia pueden con ella, no cuando después de años y relativa paz se vuelve a presentar. Y hoy, me encuentro otra vez en el infierno de la vida, en la imposibilidad, en la dejadez, en la más pura y ya conocida ansiedad. ¡Que vengan en mi auxilio por favor! Lo grito en vano, pues no hay dios que exista en este mundo, ni manos amigas que puedan levantarme. Esto es, en definitiva, la verdadera soledad, la desesperanza, la muerte en vida.


Estoy perdiendo la capacidad de reírme de mi desgracia. Digamos, estoy completamente acabado.


Brindar con la muerte con una copa partida y la mueca más triste del mundo.


Te espero con una daga en el corazón, y temo carecer de sangre para cuando decidas volver.


Son los responsables de castigar al bueno, los causantes del empobrecimiento de este mundo.


Abrir el corazón, muchas veces, solo logra el alejamiento y el rechazo de terceros, la mente humana pasa de ser un misterio a ser tan solo un absurdo.
¿Acaso mi vida siempre oscilara entre la estabilidad y el equilibrio, entre la guerra y la paz, si es que hubo tiempos de paz? Los altibajos, normales en todo el mundo, son un detonante en mi personalidad predispuesta a la ansiedad. Después de largos periodos de tranquilidad siempre procede una larga e interminable instancia en el tormento, la tristeza y la autodestrucción. ¿Acaso mi vida de esa forma se desarrollara hasta mi último suspiro?


El encierro no me ayuda, tampoco el libre aire de la naturaleza. ¿Será que solo puedo aspirar al consuelo fuera de la vida?


El ataque de pánico es la manera en que el cerebro nos informa de su desesperación por esta vida.


Granito a granito fuimos construyendo nuestro amor, a trabajo de hormiga, pacientes y contentos ¡y ahora la primera ventisca nos lo ha tirado todo abajo!


Nunca mis emociones se han expresado de tal forma como por medio de mi sistema digestivo. Si lograra extirparme los intestinos me quedaría sin sentimientos.


En los aforismos encontré la forma de escribir poco y no decir nada.

Cuanta verdad hay en el silencio, en el pensamiento sin distracciones, en las reflexiones solitarias impuestas y exigidas por las perturbaciones del espíritu. La verdad suele aparecer en los pensamientos mas solitarios, y que solo, que solitario y en paz se siente uno.

Texto agregado el 19-01-2015, y leído por 116 visitantes. (0 votos)


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