Hemos esperado desde tiempo atrás que las ideas surjan de nuestras mentes y evoquen la grandeza de la humanidad. Hemos esperado que los hombres nazcan nuevamente y abracen la doctrina de la razón. Misión fallida de quienes se consideraron los precursores de la grandeza del tiempo. Espera de angustia y que sólo llega finalmente la incertidumbre de la voluntad.
Es momento de que seamos ficción, de apartarnos de las respuestas lógicas que sólo apagan los deseos de los hombres, realidad de los hombres que no desean alejarse de sus propios miedos, de su miedo a la libertad. Es que teniéndonos como primer adversario la condición humana, es preciso pasar sobre ella, y crear al ser esperado, aquél que al pasar por nuestro lado su mirada nos inspire la lucha que emprende su corazón. Por que eso es ser humano, es lucha, no muere ni vive en el engaño, sólo es el reflejo de su voluntad.
Tiempos como el nuestro nos obligan a vivir en él, es preciso aceptarlos, no conocemos otro mejor, sólo del tiempo pasado sabemos historias y la historia es ficción y es esa la que refleja la voluntad de una época, la que queda para las generaciones posteriores. Imperceptibles para aquellos que sólo viven su época y creen que en ella termina la historia de la humanidad. Lo actual es lo verdadero y será, la que cobije nuestros sueños y deberes, la que por primera vez nos haga sentir seres vivos llenos de lucidez y razón, la que recibirá nuestras ideas y reclamos.
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