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Inicio / Cuenteros Locales / krisna22z / BENDITO ADAGIO PARTE XV

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BENDITO ADAGIO PARTE XV

Me encuentro en un nuevo sendero. Y esa pregunta que prevaleció a través del tiempo.

¿Por qué nunca más cruzamos camino? ya no tenía voz.

Dicen que las malas noticias se saben tan pronto como suceden.

Tadeo sostenía mis manos mientras Yo me mecía en la ternura del momento, el aire llegaba dulce y mi cabello obedecía, nuestras manos se sostenían en el resplandor del ocaso.

Esa tarde bebí el néctar de sus labios y con mucho pesar debo decir que fue lo único que bebimos, en nuestro corto romance.

Quedé suspirando, estaba llena de amor, llena de ilusión, Yo, estaba ¡feliz!

Tadeo esa noche realizaría un corto viaje y regresaría en dos días, marcamos la cita, la cual Yo contaba los días, las horas, los minutos, los segundos; los contaba con el cosquilleo del estómago y el palpitar de mi corazón.

Esta noche aun brota un suspiro recordando su ternura, sus delicadas caricias, a él lo puedo definir en una sola palabra ¡Cortés! Así era Tadeo, como un personaje de cuento.

Pero ¿Cómo iniciar una nueva historia? Cuando aún colgaban los hilos de una pasada.

¿Cómo explicar a Tadeo? Que no fue amor, sino un inmenso cariño.

¿Cómo contar una decisión?, cuando ni siquiera se le contó la situación.

Aún mi piel se eriza, al sentir lentamente como nuestras palmas iban deslizándose hasta quedar distantes en su totalidad.

Aún llevo en mis retinas, su mirada y en mi oír su pregunta

-¿Por qué Andrea?

“No quiero ocultarte nada”- apenas fue mi respuesta.

-Andrea, ayer te llamé muchas veces, no contestabas, pensé que te había sucedido algo, habíamos quedado vernos- y tu último mensaje, me pareció extraño.

- Estuve en el hospital, respondí.

- ¿Estás mal? ¿Te pasó algo?- cuéntame, me dijo en un tono preocupado.

-No Tadeo – Yo estoy bien.

-Tadeo, cuando Janin nos contactó Yo había terminado una relación meses antes, y en ese instante, creí no estar lista para iniciar una nueva.

“Solo te pido que me entiendas” recuerdo muy claro- le dije.

Pero ¿quién puede saber?, cuando se está lista y cuando no ¡solo el tiempo!

Recuerdo el año pasado, conocí a una muchacha que había llegado de España y consiguió un puesto temporal en la empresa donde Yo trabajo; un día pasé por su área y la vi llorando, también vi que las oficinistas le estaban brindando apoyo, desconocía lo que realmente le pasaba, así que decidí no interrumpir ni preguntar.
Se dio el momento, me quedé sola en la oficina, hora de refrigerio y Yo aún entre papeles, parece que también ella se encontraba en la misma situación; fue a entregar una documentación, dirigida a mi área.

-Siéntate – le dije.

- Se sentó- le sonreí- tu nombre es Any ¿verdad?

-Sí, y ¿Qué tal el trabajo, estas cómoda?

-Sí, todo está bien, me agrada hay mucho compañerismo.

- Me alegro Any – el otro día note que llegaste mal al trabajo, no me acerqué a saber que te pasaba. Pues vi que las chicas te estaban brindando mucho apoyo.

Comenzó a narrar su historia, mis padres emigraron a España cuando yo era muy niña, luego me llevaron cuando consiguieron estabilidad laboral, allá hice mis estudios, parte primarios, secundarios, poco me faltó para concluir los universitarios.

-Ahh ¿Y qué pasó?

-España sufrió una crisis y mi papá y mi mamá se quedaron sin empleo, decidieron que regresara con mi madre al país, mientras la situación se arreglaba. Estando aquí me reencontré con algunos amigos de la infancia.

-¿Y te enamoraste?- le dije.

-Sí- me respondió.

Pero no es así de simple – me dijo suspirando tristemente.

Me enamoré, quedé embarazada, todo era muy bonito, hasta que buscamos un independiente para vivir solos, y nos es la felicidad que uno se imagina señorita Andrea – dime Andrea a secas- está bien Andrea.

¿Qué pasó? Llegó el engaño, las salidas y llegadas de madrugada y a veces ya ni llegaba, su excusa, en casa de sus padres.

-Luego llegó- ya no le salían las palabras.

-Calma, si deseas ya no me cuentes- ven toma un vaso con agua, bebió se relajó un momento y decidió seguir contando.
Y de esto cuando tiempo ha pasado, Yo te veo muy joven para que tengas esos grandes problemas.

-Mi hijo tiene nueve meses.
-¡Nueve meses! Me sorprendió y conmovió el saber que todo lo que me contaba era aún su presente.

Él la maltrató físicamente y psicológicamente, estando embarazada y empeoró su situación, cuando nació el bebé, hacia unos meses que ella había decidido romper todo lazo que los unía, aunque era algo difícil por el bebé. Pero ella daba su lucha.

-Ese día que me viste llorando, fue porque el papá de mi hijo esperó que saliera al trabajo, llegó a mi casa y a fuerzas intentó llevar a mi hijo, que está al cuidado de mi madre pues con ella vivo. Cuando me avisaron me sentí muy mal, por eso lloraba.

-¿Y se solucionó?

- Sí, se solucionó pronto pues si bien es fácil entrar difícil es salir con un niño del condominio que es donde Yo vivo, así que ahora tienen más cuidado.

-Entiendo le dije.

- No sabes Andrea como me siento, porque aún creo querer al padre de mi hijo, a veces me siento morir- me dijo.

-Vas a sentir eso y mucho más - le dije sonriéndole, solo espera que el tiempo hace muy bien su trabajo.

-Me sonrió.

-Y así como hoy sonríes, vas hacerlo siempre.

Any concluyó su contrato laboral, no le renovaron, pero consiguió un trabajo pronto en otra empresa. No sé si a la fecha el tiempo ya tiene buenos resultados en su vida. Yo creo que el mejor resultado que ella tiene, es su niño que por cierto un día lo conocí, es un ¡hermoso y robusto niño! Que provoca caerle a besos y abrazos.

¡Yo, ya estaba lista cuando conocí a Tadeo!

Pero como explicarle, traté de ser lo más explícita posible, narré todo como había sucedido, como nació la amistad hacia Olinda y como nació el amor hacia Alejandro y también como se murió.

-En su momento tuve su amor y él también tenía el mío.

-Un día solo se terminó, me vi forzada a recuperarme lentamente y lo logré, para cuando tú llegaste las heridas ya tenían cicatrices.

-Tadeo, tú hiciste una historia nueva, tierna, sutilmente dulce

-Te pido por favor que me entiendas.

Mi voz por momentos se quebraba, pues temía que el confundiera las situaciones.

Yo, quiero pensar que el rostro que puso Tadeo al oír de una antigua relación, fue porque imaginó, de mi parte “Traición” cosa que no fue, o mi narración fue poco clara, que quizá todo lo interpretó mal.

¡No lo sé, no lo sabré!

Desde ese día aguardé su llamado, aguardé un mensaje suyo, aguardé un día, dos, tres, una semana, un mes…Han pasado los años y sigo esperando un perdón (perdón de ningún delito cometido), recuerdo ese día tan claro porque perdí su mirada, perdí la tibieza de sus manos, mi sombra nunca más se enlazó con la suya.

¡Y su voz!, tan tierna y educada, nunca más mencionó mi nombre.
Mis ansias de verlo se perennizo en el tiempo.


Pero ¿Qué es el tiempo? Para una situación crítica.

Yo me encontraba dejándole amorosos mensajes a Tadeo, “Amor en un rato nos vemos, te extraño” de igual modo el hacía su parte, un mensaje suyo me abría un suspiro y una gran sonrisa.

Faltaba pocos minutos para ir a su encuentro, ese día Yo sería tan puntual como cuando se abre la noche o la mañana, estaba lista y por salir, cuando el timbre del teléfono me detuvo.

Olinda con voz quebrada y gritando su dolor me dijo que en la carretera… no concluía ni siquiera de decirlo y mi corazón se apretó de dolor y un mal presentimiento.

Natalia y Alejandro salían al parecer de un compromiso social. Alejandro había bebido más de lo permitido, el impacto fue desastroso.

Natalia llevaba cinturón, aun así tuvo lesiones graves, Alejandro ese día fue el copiloto, no llevaba cinturón, la pérdida de control y el impacto, lo hizo salir por el parabrisas.

Hasta en su rostro tuvo fracturas.

Cuando decidí cederle mi tiempo mi atención y mi amistad a Alejandro, no imagine que perdería el amor y el rastro de Tadeo.

Las peripecias que pasamos Olinda, Alejandro y Yo en hospitales y clínicas, solo quedará en nuestra memoria. Llantos, anécdotas y risas.

Después de semanas de cuidado ya establecido en casa, nos sentíamos enfermeras de oficio. Olinda y Yo conocíamos los nombres más extraños, que habíamos leído y oído en medicamentos, teníamos en mente los horarios, aprendimos a leer los exámenes de sangre, hacer limpieza a heridas expuestas pues llevaba algunos fijadores externos, lo único que nos faltó, fue colocar las inyecciones, eso sí hubiese sido una tortura, nunca lo intentamos.


Desde el inicio hubo una enfermera permanente y ella duró todo el proceso de recuperación, también estaba el médico de cabecera que frecuentaba. Pero el inmenso amor y cariño nos hacía suplir algunos horarios en el cuidado de Alejandro, todo cuanto solicitaba el médico se realizaba en la habitación, desde radiografías, muestras etc.

Semanales, mensuales, hasta que se hicieron periódicas y por último la “alta médica”

Es increíble como el tiempo sana todo tipo de heridas, desde las físicas, hasta las del alma.

Nunca murió la amistad con Alejandro, ese tiempo se acrecentó, a veces él me miraba y me preguntaba ¿qué me pasaba?- nada, respondía.

Él tenía la medicina para calmar sus dolores, tenía a Olinda que lo llenaba de amor y tenía mi amistad.

¿Cómo? decirle que me hacía falta Tadeo. Si él estaba lejos de conocer la historia después de su historia.

Tengo que confesar que me roba un suspiro rememorar toda esa situación.

El tiempo corrió y todo volvió a su estado inicial, su semblante estaba lozano, fortalecido su salud, fortalecido nuestra amistad, fortalecidos todos, parecíamos una familia, unida y feliz.

¡Pero!

Tenía que llegar el día, Yo debía pensar en mí, así que retomé mi vida habitual con una enorme tristeza, “porque con el tiempo, toda cercanía se hace costumbre”

Un día Alejandro, llegó a mi puerta, realizó una segunda declaración de Amor, pero esta vez no me rendí a su mirada, nada era como antes. Ni el cielo era igual, disfrutamos un café, unas galletas, unas risas y luego partió dejando un agradecimiento que nunca se lo pedí.

El hecho de verlo sano, retomando la dirección de su vida y su empresa era bastante.

Al verlo partir me llené de un gran sentimiento, un solo nombre latía en mi pecho y no era Alejandro.

Nuevamente llegó un invierno, para mí es la estación más bella así que me abrigué mucho y empecé a buscar empleo, ya no en la constructora… y desde ese entonces decidí iniciar mi vida sola, con un nombre en mi mente y en mi corazón.
Tadeo…

Continúa…


Krisna

Texto agregado el 08-10-2015, y leído por 52 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
2015-10-13 00:56:57 Uy mujer, tu musa inspiradora se las trae, bravo!! gsap
2015-10-08 16:57:44 Buena prosa, habilidad para entretejer historias sin que decrezca el interés por el tema central de la trama... seguiré leyendo. sagitarion
2015-10-08 13:18:34 Bonita historia de amor. Una grata experiencia médica. Un texto ameno y bien narrado. Saludos. NINI
 
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