Hoy me la presentaron. De plano, no quise saber nada de ella. Pero, así como es de impertinente, hurgó en mí al detalle. La ignoré. Insistió. Penetró en mi mente sin reparos. Continué ignorándola. No me iba a ganar la batalla una desconocida. Pero, tenía el privilegio de ser como un deja vu. En unos minutos más, ya me era tan familiar. Me acompañó a tomar el bus, me acompañó cuando me detuve para ir a tomar un café. Estuvo conmigo mientras leía. Pero, no quise negociar con ella. Me rehusé a darle tregua. Unas horas más y me cansé de ser avasallada por su actitud escudriñadora. Quise librarme de su presencia y solo atiné a reírme, pero luego callé. Era una desconocida, no debía darle tanta confianza. Sobre todo, porque causa serios estragos en mi conducta. Son las 11:55 p.m. y aún no se ha marchado. No se cansa de acecharme. Me dormiré, si es que puedo lograrlo. Mientras apago la luz, pienso que tal vez mañana pueda conciliar algunas razones con ella. Es que desde la primera vez que la vi venir supe que no era saludable un acercamiento. Márchese, señorita Incertidumbre. Debo conciliar el sueño.
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