El Joven emprendió rumbos lejanos… quería volver al mismo Río que dejó hace un tiempo atrás.
Se lamentará al saber que ya no es el mismo.
No lo hubiese planeado de haberlo sabido.
¡Un viaje tan largo para saber que no es lo mismo!
Y empezó a caminar, como lo hacen los que más saben, sin mirar atrás… sino se convertiría en estatua de sal.
Todo lo que tenía en la vida no era más de lo que podía cargar. Llevaba en su mochila todo el peso de su vida y se sentía dichoso de poder cargarlo.
Recordó dos flores que había robado, una estaba viva y la otra andaba perdida.
Se sintió cansado, pero había llegado al punto en donde ya no podía parar.
Buscóse el valle lejano, el camino pedregoso, el olor de una noche fresca, la espera de algo que valía la pena.
Llegó al río y estaba casi seco, casi muerto. Se dio cuenta que no era el mismo.
Lamentándose se alejó y se marchó caminando, sólo como los que saben hacerlo lo hacen…
Sin mirar atrás. |