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Inicio / Cuenteros Locales / necoperata / EL BISNIETO DE MARTÍN FIERRO

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IL PRONIPOTE DI FIERRO
Mi abuelo, Carmelo Tapera, vino de Italia a mediados del siglo IX, en busca de la tierra prometida, y se enraizó de tal manera que cuando murió lo tuvieron que sacar con una excavadora. Eso fue cuando era niño. Bueno, yo lo llamaba abuelo, en realidad era mi bisabuelo, tenía más años que la injusticia. A mi abuelo paterno no lo conocí, había muerto de cirrosis antes de mi nacimiento. Yo admiraba a ese gaucho tano que cantaba la Violeta, sentado en una cabeza de vaca, tomando mate a la sombra de un “paráiso”, así lo acentuaba.. Me pasaba las horas escuchando sus consejos, sentencias y relatos con acento cocoliche. Todos en primera persona. Tenía un cuchillo que era puro mango, me decía que a la hoja la había gastado peleando con los indios, me mostró una cicatriz en su vientre de esos entreveros, mi padre decía que era de una operación de apendicitis. Una vez me mostró una foto, más bien era un dibujo, en el que ensartaba a un infiel con el cuchillo, eso fue cuando joven me había dicho…Se lo conté a mi padre y este me dijo.
.- Es un viejo bolacero, esa es una lámina de un almanaque. – Y se cagó de risa. A mí me parecía, que mi padre, estaba celoso del abuelo porque era mi ídolo, así que mejor no le contaba nada. Tenía una guitarra descordada de cuando era payador y guitarrero. Al atardecer entrabamos a su rancho, la descolgaba y comenzaba a tocarla, bueno hacía como que, los pájaros que volvían a sus nidos le ponían la música y recitaba un poema que había escrito en sus años mozos.

Incomincio qui a cantare
pizzicando la mandola…
L´uomo, se anche di una sola
pena in cuor sente il revello,
come solitario augello
con il canto si consola.
Me parece que lo veo con su poncho talamaco, después de echarse un buen taco, ansina empezaba a hablar: Jamás dentrés a parar, donde veas perros flacos. Se me nublan los ojos al recordarlo, allí ya no era mi abuelo. Era mi gurú, mi maestro, con su historia de vida, sus consejos, sus sentencias, que me nutrieron y me señalaron el camino. A la luz de un sol de noche, yo escribía en un cuaderno lo que él me traducía y luego lo leía hasta memorizarlo. Así llegué a la adolescencia. Con su muerte su figura se agrandó. No lo lloré. Casi diariamente visitaba su rancho y recitaba su poema. Él seguía vivo dentro mío. Para esa época en una radio, había un micro radial : “El amigo invisible”, el conductor decía: “ Una frase célebre con los grandes pensadores de la vida”. Yo pegado a la radio las iba copiando en el cuaderno. En una oportunidad le envíe algunas del abuelo, esperando en vano que las difundiera, pero no tuvo ni la amabilidad de responderme. Mi madre teniendo en cuenta mi afición, en un viaje que hizo a Buenos Aires, me compró un libro de frases célebres, fue el mejor regalo que recibí en mi vida, tenía hasta una biografía de los autores de las frases. No eran como las del abuelo pero me abrieron a una cultura que no conocía. El amigo invisible, perdió un oyente. Después me regaló uno de refranes y otro de aforismos, de un tal Narosky, que todavía no había publicado ninguno. Para ese entonces comencé a frecuentar el boliche de Gaitán, un tano con cara, fama y atributos de borracho. Allí se juntaba, para tomar ginebra, jugar un truco y chacotear un rato, lo más granado del paisanaje mal entretenido. Lo que me atraía del lugar era que nunca faltaba un guitarrero que recitara algún poema gauchesco, de tinte exageradamente anarco, dramático y panfletario. Rara vez alguien cantaba, eso era cosa de gringos, decían con desprecio. Había una pianola a cuerda, precursora de la rockola y la computadora, que ficha mediante desgranaba rancheras y valsecitos camperos, esos que inspiraron mi famoso y único tema “El valsecito de Don Serafín”, grabado por Paté de Fua en México, bueno también compuse la Cumparsita, pero tengo un juicio por plagio con los herederos de Matos Rodriguez, que si lo gano me lleno de plata. Una tarde, venciendo mi timidez, pedí permiso para decir unos versos, el guitarreo hizo un preludio de milonga y en medio del ruidoso ambiente, comencé con los versos de mi abuelo, traducidos al castellano y con acento gauchesco. Poco a poco el bullicio se fue acallando, los paisanos acercando y un caluroso aplauso coronó mi osadía. No lo podía creer.
.- Jue pucha…Me dijo un gaucho. – Lo felicito amigo, es un gustazo que un mocito pueblero, recite el Martín Fierro…Tomesé algo amigazo. Agradecí emocionado, pedí una Bidú Cola con Fernet y brindé.
.- Por el abuelo. Dije
.- Quién es su abuelo, mozo?...
.- Era… Dije.- Usté lo debió conocer, Carmelo Tapera, se llamaba.
.- Y cómo nó… si lo ricuerdo al gringo, más gaucho quél asao con cuero.
.- Él escribió esos versos. Dije con orgullo.
Me miró socarrón, mientras decía.
.- Qué lo parió,lo qué son las cosas… yo pensaba que eran de José Hernandez. Y güeno … Por el abuelo entonces…Y levantó su vino tinto, como sangre de toro.
Cuando llegué a casa, interpelé a mi padre, sobre lo qué dijo el paisano.
.- Ah!...Pensé que el abuelo te había contado… Él escribió el poema en Italia, soñando con venir para Argentina. José Hernandez, lo tradujo, le puso por título Martín fierro, lo editó a su nombre y se hizo popular entre el gauchaje . El abuelo nunca reclamó nada, se conformaba con el orgullo de ser su autor. En honor a él, te pido que respetes su voluntad de ser anónimo y no lo nombres. Era la primera vez que mi padre reconocía algo que me había dicho el abuelo, así que mano en boca y culo en tierra, me dije, y nunca más se habló del tema. Pero la bola entró a correr en el pueblo y comenzaron a llamarme Martincito.
Al volver del servicio militar, fue cuando pensé que aquello que obsesionaba mi vida, podía ser mi proyección hacia el futuro y el mejor homenaje para la memoria del abuelo.
Fue así que decidí aprovechar ese momento de popularidad. Ya revertiría, con mí erudición, su intención burlona. Al viejo Vizcacha y el Martín Fierro lo dejaría para el paisanaje iletrado, mi objetivo de trascendencia estaba centrado en los presuntuosos y s emi analfabetos puebleros. Ellos iban a ser el primer escalón en mi ascenso a la fama. El primer objetivo era llegar con mi palabra a los más populares de sus integrantes, ellos serían mis discípulos, la vanguardia de mí palabra. Hice una selección básica, de frases, axiomas y aforismos, cuando más herméticas y subjetivas mejor, Solo tenían que ser contundentes, sintéticas y coloquiales, para esos seres ignorantes y anquilosados en la mediocridad. El lugar de confluencia de mis elegidos era el Club Social, hacía allí dirigí mis pasos. Comencé a frecuentarlo. Llegaba al lugar al atardecer, minutos antes que los habitués. Tenía cierta habilidad con el billar y me ponía a taquear en soledad. “Lo tenía todo friamente calculado”, parafrasearía el Chapulin Colorado, años más tarde. Dias más, días menos, el mejor taqueador del Club, que se creería Navarrita, se iba a enterar que había uno que se echaba una raya al hilo…Y así fue, una tarde caen unos flacos, cuando yo estaba con la caña en la mano. Entré a jugar sencillito, hasta pifiaba alguna para no asustarlos. Un gil picó, era el Fito, estaba con Chingolo, Canuto y el Gogui, todos compañeros de la primaria, pero hacia tiempo que no los veía. Balconearon un rato y se acercaron a saludarme.
.- Hola Neco…Dijo alguno afectuosamente.- Por dónde andabas?...Hace tiempo que no se te ve por el pueblo.
.- Sí, vengo poco, no soy de salir, aparte estuve dos años en la colimba.
.- Qué lo parió, marina, qué mala leche…Estás jugando bien,
dónde aprendiste. No sabías ni ponerle tiza al taco.
.- Ahhh… Sí, en el casino de oficiales, me tocó, ahí me agarré el vicio, por eso vengo a despuntarlo acá.
.- Qué bueno che, una noche de estás podemos jugar unas rayas.
.- Y, sí, estaría bueno, así aprendo algo.
.- Ja, Ja…Nos vemos entonces, Neco…Dijo el Fito que entendió la chanza.
.- Nos vemos, chau.
Ese sábado caí como a las nueve, el club estaba hasta el goyete de gente,. En el billar, el Fito, Canuto, el Goguí y Chingolo jugaban al casino. Los saludé, los miré un rato y fui a saludar a algunos conocidos. Al rato nomás, se acerca el Fito.
.- Querés jugar, Neco…ya terminamos.
.- Dale, pero carambola… Con quiénes?...
.- Un mano a mano, a cuatro rayas por el vermut. Querés?...
La voy a hacer corta. Esta fue mi presentación en sociedad, según el plan previsto. Ahora debía aplicar mi astucia, sí como el Chapulín.
No era mi intención ganarle a nada a nadie, mucho menos a quien quería para mis fines. Él era mi Juan Bautista, el billar era el Jordán, después vería quién era San Pedro.
La gente se fue acercando, Fito jugaba de local. La apuestas estaban seis a uno, yo era como un forastero, pero si él me enfrentaba, por algo sería.
Fue una partida pareja, con alargue a una raya. Fito la ganó por cinco carambolas, pero le mostré las cartas para que supiera él, solamente él, que si quería le podía ganar. Hubo aplausos. Nos abrazamos, lo felicite y levanté su mano.
.- Mi reino no es de este cielo. Le dije y pagué las tragos de los cinco.
Quedamos como chanchos, nos veíamos dos o tres veces por semana, para comer y charlar, el billar quedó relegado para cuando éramos dos o tres, ellos comenzaron a incorporar amigos, novias y alguna que otra María Magdalena. El hecho de que había vivido dos años en Buenos Aires, aumentaba mis encantos, de por sí naturales, pero yo de perfil bajo, “despacito y con saliva”, lo de “porteño y engrupido” es un prejuicio mortal en los pueblos del interior. Para mí, la vida social, es un tute cabrón, podés jugarte a más o a menos, los del medio siempre pierden. Se puede ser soberbio de riqueza o de indigencia, nunca uno del montón. “ A los tibios los vomita dios” (Apocalipsis 3 : 16) De lo que se trata es de saber jugarlo, yo siempre a menos.
En poco tiempo mi presencia en el Club, había crecido, hasta el punto que muchos iban tan solo para conocerme y oir mis verdades como puños, mis sentencias como filo de cuchillo, que al salir lo hacían cortando. Al comienzo solo usaba la de los hombres celebres, anteponiendo, como dijo Fulano:… Luego comencé a decir las mías atribuyéndoselas al gran Montoto. Ahí tomé conciencia que lo dicho podía ser una gran boludés, lo importante era el hombre célebre que la había dicho. Así tome chapa de hombre sabio, dueño de respuestas y silencios.
Ahora solo tengo una ambición, enfrentar a un bisnieto de José Hernandez, para honrar la memoria del abuelo.

Texto agregado el 08-11-2016, y leído por 156 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
2016-11-09 06:28:58 Cuando el pato bebe y tiene la cabeza grande, no puede salirse del agua y termina ahogado. NeweN
2016-11-09 00:32:25 Menudo plan se traía el mozo. Y yo que casi le invito una partida. Mejor me quedo en la mesa mirando. Y escuchando su relato, que pa' mi, es el mejor. Marcelo-Arrizabalaga
 
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