Y vuelvo a temer.
Tengo miedo de sus miradas,
de sus gestos, de su mente...
y vuelvo a temerle a la gente.
Ellos y sus mundos
ellos y sus violetas
ellos y su todo
ellos y su egoismo.
Temo que el jardín se pudra,
que quede muerto, opaco...
de colores poco acogedores.
Y temo que ya no sea mi hogar,
si no, el de ellos.
Que logren adornarlo con sus colores
en reflejos.
Y quede dando atisbo
de lo que fué y no lo que es,
atormentada, agobiada,
en una poza putrefacta de
sangre coabulada |