Erguido aún, el viejo álamo destierra su follaje,
sus ramas tienen el vacío que dejó el pájaro celeste,
se acerca el ocaso con la madrugada marina
las nubes reposan en las alas del crepúsculo ámbar
en el gris, el invierno susurra en la oscuridad.
¡Es cierto!, la noche más bella está del otro lado del cristal.
El paisaje es efímero, inmemorial.
Se renuevan las horas, el musgo,
las nubes, el alba, el polvo.
Si Dios estuviera al pie de la ventana
sería testigo de ello para acabar con todo.
En el poniente de la alcoba cuelga la ventana.
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