Pequeño, pensaba que si viviéramos en una de esas islas del caribe usaría esas minifaldas ligeras y traslúcidas que te gustan y mi piel estaría más bronceada, quizás bailaríamos salsa, merengue o cumbia y me vestiría con tantos colores que ni tú sabrías como llamar a algunos, pero estoy segura que a todos les pondríamos nombres, siempre encontramos el modo.
Tú te vestirías de blanco, así como me gusta cuando te pones esa camisa de colegio que guardaste después de tanto tiempo y así yo descalza te mostraría las piernas y hasta el nacimiento de mis ahora adoloridos pechos blancos, bailando en la terraza de nuestra humilde casa. Te invitaría unas cervezas o unos jugos bien helados o lo que sea, te esperaría cantando una de esas canciones características de allá, de esas llenas de alegría y sabor como dicen. Ya estaría toda arrugada de tanta felicidad y de tanto sol, pero estoy segura que me amarías más cada día.
Todas las tardes iría de tu brazo caminando por la orilla de la playa y te perseguiría corriendo para morderte la oreja, sí, porque hay algunas cosas que no cambiarían nunca. Te tumbaría en la orilla, esperaría que el mar te mojará todo hasta la cabeza y con la mía te taparía el sol si es que te encandilas y te diría “Tawe myliu Pequeño, soy feliz a tu lado”.
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