Los dos camioneros se habían apostado 3000 euros a ver quien era el primero que llegaba al final de la larga calle que cada uno tenía ante sí y que desembocaba en la avenida principal llamada: "El Libertador del Pueblo".
Arrancaron sus potentes motores, atronaron el aire con las bocinas y al escuchar el claxon que su amigo Clemente hizo sonar en su vehículo, arrancaron a toda velocidad rumbo al final de la calle, con tan mala fortuna que Pedro, el que corría por la calle Próceres de la Revolución, chocó con la puerta de una cochera y atravesando el garaje, arrasó a su pasó 3 coches y dos bicicletas y vino a desembocar en la calle Chorlitos parlanchines quedando empotrada la cabina en la fachada de la casa colindante.
A partir de ese día el garaje pasó a llamarse "Dos por tres calles" |