Una mirada rebosante de dulzura se encontraba esperádo en el lugar. Al bajar de aquella cárcel metálica, que fuera fiel testigo de mis dudares durante el viaje, traté de sorprenderla. La sorpresa fue mía. Sin saber como, Ella sabía que yo esta ya ahi. Entonces al voltearme encontré su ser; hermoso, puro, de exquicitos aromas a una mañana de primavera en pleno invierno, con los brazos abrindose para cerrarse en mi cuello mientras sus labios cálidos susurraban palabras de amor y felicidad mientras un beso sin querer nacía... y las dudas ya no existían. Las miradas se unieron, y durante un momento, las palabras estuvieron de más. Bastaba con ese sentir.
Despúes... todo fué hermoso.
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