De nuevo regresa el zumbido en las sienes,
la ingravidez de pensamiento
y la contradictoria pesadez en el alma.
Vuelve el sentirse parte del escenario,
el no ser más que una mesa o silla.
Y los actores pasan ajenos.
Tropiezan, ni se inmutan.
No hay razón para tantos porqués,
no hay razón a mis lágrimas.
No hay cómo disfrazarlas,
no hay cómo explicarlas.
Y el silencio es incómodo y nervioso,
suelto un tema pescado al vuelo
y le doy luego tantas vueltas
que me arrepiento. |