Aún dormía la niña
con sus labios cubiertos por sábanas,
sus ojos, sus labios, su piel blanca,
aún dormía, y todo era perfecto.
La veía recostada,
ella hermosa y de espaldas, murmurando
breves palabras, yo esperando
que durmiera tranquila, y perfecta.
El amanecer desde una ventana
veía, y veía su piel desnuda sobre la cama.
Retrocedí, y cayeron las sábanas
y te ví tan desnuda, y tan perfecta.
Aún caminabas tras de tu piel tostada,
y caí al suelo tras un segundo de dolor,
mi corazón se aceleró, y
abriste la boca, y dejaste de ser
perfecta.
|