Las palabras se cruzan y no existe una mirada.
La distancia endurece más los decires.
Frases de roca y afiladas oraciones que casi sin querer
florecen en ese campo maldito del descontrol.
Hablar sin pensar... para luego hablar pensar sin hablar.
El silencio se convierte en pecado mayor al sonido.
La amargura y el arrepentimiento caminan por la sangre, más no son liberados... entonces... aquel muere también, por sus propias palabras.
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