Aguardaré. Una noche dirás verdades. Se borrará el luto de tus mejillas escarlata. Y dirás verdades. Yo te veré, aún sombrío pero sincero. Desprovisto de tus silencios siniestros. Entonces, te escucharé, con mis oídos sobre tu piel. Te escucharé sin observarte, me abstendré de los temblores que te otorgan tus miedos. Iré hasta donde me lleven tus remolinos y ahí seguiré escuchándote. Me embriagaré de tu insensata lucidez y del fragor de tus derrotas. Me dirás de tus batallas, de las veces que le cediste tu espada a tu enemigo para matar el odio que habitaba en ti al empuñarla. Me hablarás de tus mil aflicciones, de tus cuatro alegrías, de tus siete discordias y de tus diez agonías, seguidas de una sola resurrección. Mientras tanto aguardaré, aún a la luz del día, con el sol derritiendo mis pupilas. Porque una noche dirás verdades.
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