El alma bombardeada
presentía el final: alejada,
entre matorrales, debajo
del árbol pensó:
-¡corre...vete!.
Aceleró, marchó
aún mas deprisa
porque esa noche oscura,
en el silencio notó
tintes de amargura.
No sabe qué le impulsó,
cuando partió,
mientras conducía
algo le reveló
que esa comunión
entre el ser y el salvajismo
primigenio... esa unión sería ;
el precio ... un crimen.
Desde entonces
los rugidos de la bestia,
sus ojos incendiados
por la ira la embisten
en sueños, amargan su ser...
Olvidó echarle sal a la conciencia. |