“¿Por qué no aceptas la realidad? No siente lo mismo por ti... ¡PUNTO!”
-Por muchas veces que me repita esa frasecilla en la cabeza, no lo admito... No lo admitiré jamás.
En el bar en el que estamos reunidos, todos me miran extrañados o incluso asustados.
“¿Qué pasa? ¿Nunca habéis oído a nadie hablar sólo?”
-Me marcho...- “Capullos”-. Ya nos veremos.
Por más vueltas que dé, todo me recuerda a ella: el parque, el pilón (vale, no es un pilón), el instituto, la plaza en la que quedamos siempre todos...
Tras alucinar un poco, al llegar a casa, busco en el escritorio de mi padre.
“¿Crees que se acordará de ti?”
-¿Para qué?
Aprieto el gatillo.
...
-BANG- |