Puede que la noche sea oscura;
que mi alma sea tenebrosa;
que mi corazón no lata;
que mi cuerpo se marchite;
que mis ojos se enjuaguen en lágrimas;
pero, créeme, no estoy acabado.
Creíste que me sumergiría
en un mar de pesadillas,
en una tempestad de tristeza,
y sin embargo no te distes cuenta...
¿No sabes que la pesadilla soy yo?
No pensaste, ¿verdad?
Para qué...
|