Y la empujo tan fuerte, que de no ser por su tremendo balance, la mujer hubiera caído seguramente al piso.
Recobro su postura con una velocidad bestial, y se tiro contra él; En el aire crecía un amargo sabor a tensión.
Pronto se formo una multitud de curiosos, y ella lanzo con toda su alma un zarpazo contra su mejilla.
El con un reflejo muy familiar, alzo la mano y detuvo el golpe de un solo. Se quedo muda.
Si alcanzaban mirar sus ojos, se veía un breve pánico en su parpadear... aun así, lo disimulaba a la perfección.
Trato sin éxito de barrerlo con sus piernas, y tiraba peligrosos puntazos por doquier. Evadía los movimientos filosos que el casi con odio repartía.
Se detuvieron. Sus ojos hervían de furia. Se miraban sin decir una palabra; respirando con gran esfuerzo. El ambiente sangraba de pasión y pánico.
Algunos de los testigos lloraban nerviosos, ya había desmayado uno que otro.
Ella respiro profundo y de nuevo se tiro contra él: Se enllavaron y se daban a cortes y aruños. La cogió del pelo y la rechazaba hasta temblar, pero no crean que ella no se defendía, lo atacaba hasta con mordiscos, y le ahogaba la respiración.
Era una escena gruesa y viscosa, y pocos de los presentes tendrían el estomago para soportar lo que estaba a punto de suceder:
La tomo por la cintura, puso una pierna detrás de la otra, y la empujo hacia el piso con todas sus fuerzas…
Pero ella no cayo.
La mantuvo así, suspendida en el aire.
La música había terminado. Moría ahí la venganza del Tango.
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