Cuando tus brillantes ojos
me miraron por primera vez,
supe que las almas buenas existen.
Cuando tus fuertes manos
acariciaron mi cara por primera vez,
comprendí que los bellos de mi cuerpo se volverían a erizar.
Cuando tus dulces palabras
calmaron mis ansiosos oídos,
entendí que me haría adicta a tu voz.
Cuando el calor de tus labios
besó hasta mi más profundo deseo,
asumí la esclavitud de mis sentimientos.
Cuando tu pesado cuerpo
se posó sobre el mío,
pude sentir que las emociones existen,
que tan solo con un suspiro tuyo
volvería a ser libre.
dedicado a ti, hombre que me haces renacer del barro...
|