Niña pequeña, ojos oscuros que escudriñan mi mente hasta llegar a la verdad; cuerpo delgado que invade todo mi ser, se compenetra y desde allí vas vaciando todo mi dolor.
Pequeña dulzura que va carcomiendo el polvo de mis sentimientos, hazlos más fuertes y deja que puedan abrazar tu alma.
Aún mantienes mi corazón aprisionado en tus delgadas manos de cristal, no se todavía cual de los dos se quebrará.
Voz de huracanes, mis oídos de nieve aún esperan tu susurro para que brille el sol en mis parajes.
Cintura de miel, queda mucho por beber de tus manantiales, deja que mi sediento animal pose sus fauces en la paz de tus aguas.
Aún no puedo concentrarme en asimilar que tu vida está tan distante de mi muerte, ven y resucítame con un soplo de tus besos y deja que la oscuridad concentre nuestras almas.
Déjame ver que más allá de esta ausencia, nuestros espíritus se encuentran juntos en la inmensidad de nuestro universo.
Necesito la inmensidad de tu pequeña existencia para que pueda descansar tranquilo, para siempre.
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