Lleno de árboles, lagartijas y pajaros enfermos ya escapé del terror, sospechando un momento violable; ya no estoy ahí, puedo esconderme en la leche de melon con sabor a olor y escuchar el piano que cada vez, cada vez es de un color diferente, cada vez es la misma, y aunque siempre y por dosmil cuatrocientos años se pregunten los niños que cuando van a ser grandes, y estos quieran no nacer, a veces hay pajaros enfermos que hay que llevar al veterinario, y a veces cuando hay silencio en las plazas, crees que es un duende, pero de verdad es una lagartija que se escondió detras de una rosa o de un clavel que en primavera no debería estar muerto. Cuando las manos y la cara se ensucian con tierra, se llenan de costras, los minuteros de ese lógico tiempo son algo que no se entiende. Y por si fuera poco pretendo eso, para que el reloj se esconda en mis huesos, y creer que son las 2 p.m. en una luna llena.
Durmiendo lejos quisiera despertar, durmiendome bajo mi techo, donde las notas y los versos se asemejan cada vez mas a un segundo, hay que leer la Biblia y pensar que sonreírle al cielo es ser demente, pero no tener en un asfaltado paisaje un ojo pintado, y otro ojo pintado, y otro ciego-. Gritos, gritos y silencio, gritandomelo me lo dice un momento de infierno, aunque recordar un clavel sea recordar una solitaria sonrisa-.
Parece que no estás... me duele la espalda-. y esa enorme araña ya no estaba en la muralla-. |