Uno, dos, tres...cuatro....
y se queda en cuatro.
El castillo que era bello,
con ventanales de algodón de azúcar,
la luz se colaba y resultaba dulce,
acogedora, amable, inquieta...paciente.
Era un hogar.
Que al salir cogía un libro,
y me quedaba dormida toda la tarde.
Despertando (aunque no lo deseara)
felíz-tranquila-lejana.
Estaban pelusas flotando a un ritmo,
al unísono...coordinadas y descoordinadas,
de todos los colores hasta los inexistentes.
Armonía perfecta llena de imperfecciones.
[Llueve la melancolía]
Uno, dos, tres, cuatro...
que trato que trato
y se congela todo....
pero avanza muy rápido. |