ya no se ve.
ya no se ven los árboles que hacían el amor,
ni el viento que azotaba pasión a todos,
ni el reflejo de mi ventana que me separaba del viento.
ya no se ve nada.
ahora sólo se escucha.
se escucha la alarma de un carro y el sonido del amancer,
zumbando en mis oído, haciendo que me duela el alba.
se siente.
se siente el aire frío de mi cuarto y la música contra mi piel,
fomentando mi sentimiento de frustración y claustro.
el gusto y el olor han desaparecido por completo,
y me han dejado con moco y flema en vez.
el sexto sentido también, hace rato murió, y se llevó consigo toda significancia de vida que encajaron perfecto dentro de un par de maletas
y ahora todo lo que tengo es todo lo demás.
es decir: nada. |