Los hospitales y la muerte.
Los locos y los cuerdos.
Manejan por la misma ruta,
y mueren por las mismas razones.
En eso coinciden,
miedo
y
furia
y
sexo
y
dinero
es todo cuanto hay
al final del camino.
Y repetirse,
levantarse,
dormirse,
masturbarse,
Son solo deseos reprimidos.
Ansias de cambio.
Preguntas inconclusas
en
un
cuaderno.
Nombres en agendas
de
alguien
que no llamo.
y perros
en
la
calle
que no recuerdan la historia
ni lloraron a Cortazar
o
a
el
viejo
que tallaba en madera
y
sonreía
al
sol.
Mucho más lejos,
más allá de cualquier frontera
(marcadas con sangre y peajes)
Espera el último hombre
(aquel que fue un niño en Macondo
y un joven en Derry)
El que nunca pido
ni
vio
a
Jesús
fuera de la cruz.
Esta armando cigarrillos.
Esta en paz con el mundo.
(que es dueño y deudor de nuestros fracasos)
Inalterable,
Inamovible,
Sabiéndose que es dueño de todo,
Y que nada de nada es de nadie.
Solo el cuerpo,
y
el
olvido
Marchitándonos
en
este
crepúsculo
de
un
Dios
ausente.
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