Tu vientre, en las breves
incursiones de mi mirada hacia él,
está riendo.
Tus muñecas, en las pausadas
exploraciones de mi tacto sobre ellas,
están calmadas.
Tu sonrisa, en las prolongadas
campañas de mi humor en su defensa,
es militante.
Tus pasos, en las esmeradas
guías que propongo para ellos,
me hacen vivir.
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