Y escuchó uno a uno los insultos. Callada, acorralada entre sus rodillas. Las lágrimas brotaban una a una, mojando su ropa.
Una voz interior pareció despertarla del letargo. Se levantó del suelo, y secó la sangre.
Gritó como nunca antes , se quedó sin voz y en su afonía, dijo basta.
Sostuvo con fuerza el brazo masculino que amenazaba, y con odio en su mirada lo hizo retroceder.
Era el principio de su nueva vida. No mas golpes. No mas gritos. |