Dedos que me hablan buscando pretextos
para rayar el aire con tus palabras
y así remarcar con tus ojos negros
la cicatriz que me dejaste por herencia.
Y es que pertenecer a tu reino en miniatura
es penetrar en la blancura de tu existencia
y si alguna vez te amé fue por coincidencia,
pero te llevaste mi inspiración, de todas maneras.
La huella de tus pasos es la letra de este escrito
y tus manos son las mias, buscando formas
en esos tallos viudos, en esas cabezas de novia,
en esa guerra fría, en esa guerra eterna
en donde tú y yo somos contrincantes
tratando de ganar ese trofeo vacío.
Me cerraste la boca con técnica copiada
y me quitaste la sonrisa con tu espalda majestuosa.
Es que me quitaste el trono de la felicidad
y me dejaste la corona deshecha.
Y es que nunca fui tu reina,
y tu nunca fuiste mi rey.
Ahora la ciudad se traga mis penas,
las calles dibujan tu silueta silenciosa,
y es que a veces te beso sin darme cuenta
que aún sangra en mi cuerpo la cicatriz, hermosa. |