En tus labios un cinturón de estrellas,
en tus ojos la madre naturaleza,
en tu frente la señal de los ángeles,
y en ti una infante belleza.
La noche brilla en tu presencia,
en el manto oscuro tu rostro titila
tu alegría, en medio de mi pena.
Y mi pena se transforma en suplicio
ante una pantalla plana.
Y mi suplicio, en deseo,
cuando tu sonrisa aparece en la vereda.
Las paredes se tragan mis súplicas.
Las ventanas traslucen mis lamentos.
Lo imposible se lo lleva el viento
y lo posible, el tiempo.
Eres exactamente como una estrella
ante una cámara cualquiera,
y como los diversos astros,
las otras estrellas
que brillan en el cielo.
Y es que atravesar la pantalla
para poder alcanzarte.
Y atravesar el cielo negro
para poder alcanzarte.
Y ni siquiera las dos cosas
para poder amarte.
Es que ya no encuentro vocablo
para decirte algo tan sencillo y tan íntimo
como un te quiero. |