Odio sentirme como un estúpido
cuando los aires inciertos de la realidad
golpean una vez más mi cara
y la deforman con tantas verdades
que la misma calma
se vuelve perpetua
e inconstante,
casi como una arritmia en mis pensamientos
y en mi lentitud al andar…
Es que sostengo demasiado, quizás
el aliento, antes de soltar las palabras
o quizás, los versos.
Es que tanta calma, tan poco arrojo
me pesa en momentos como estos,
cuando pienso que es mejor haber lanzado
recibido y quizás arruinado,
que morir en la incertidumbre
de lo que nunca sucedió,
del error que nunca cometí
o el mejor pasó que jamás nunca di,
la oportunidad que no aproveché,
o el acto de compasión y consecuencia
que mejor elaboré…
Lo siento si también dolió,
pero más lo hubiese sentido
si una estupidez
hubiese cometido… |