Pelo que intenta volar negro y atado
a un cuerpo perfección del orden y la belleza.
Un viento animal se enreda a ella y la olfatea
ante un pálida luna celosa que mengua.
Y hacia un mar helado, casta ella se desliza
pintando un cuadro terrenalmente salvaje
con su sangre gitana
y su porte intruso en nórdicos parajes.
Collares de concha y plata
caen haciendo sonora cascada
sobre sus senos de proporción exacta.
Y el viento que ahora soba su espalda
desciende para anidar en sus faldas.
Y al sumergirse ningún ojo después la vio:
un mar en brama excitado,
su fino talle engulló. |