Aun te siento vibrar dentro de mi,
aun escucho el latido insistente de tu corazòn,
pero te busco y no te encuentro,
y recuerdo lo felices que fuimos,
tantas veces que reimos,
como otras tantas que lloramos.
Ahora tu ausencia es mi verdugo
y este amor ese juez que me condena sin piedad a sufrir de olvido, olvido lento y ciego,
que mata lentamente y sercena mis ganas de vivir.
Rompo tus cartas, tus adioses, tus besos,
pero ya es tarde, he sido condenada a recordarte
encerrada en la nostalgia de tus ojos de dulce mar.
|