Podrían pasar miles de años y el tiempo sólo sería la huella de su ausencia. Una ausencia profunda y misteriosa nunca imparcial, su esencia no podría sin duda juzgar aunque tampoco estaría de más pues los años han marcado su saber y ahora tendrían que llamarlo sabio, aunque la realidad simpre fue más sencilla, únicamente era un crónista...
Su mano registraba el paso de los eones y su vista se hallaba perdida siempre en el horizonte, siempre más allá, tal vez buscando un consuelo, tal vez soñando en algo que nunca fué...
El tiempo fue pasando y arrullandolo con su suave murmullo, un día simplemente dejo de existir.... |