Siempre acostumbraba a soñar porque el moverse entre las piedras del riachuelo le consumían todo el día obligándolo a dormir más tiempo. Su sueño era laberíntico y en espiral. Lo malo era marearse un poco al principio. Pero ese era su destino. Tal vez si fuese un pecesito sería más rápido. Pero tal vez, más codiciado. Daba igual. Mejor era ser lo que era. Aunque lento, podía aprovechar su andar y leerse grandes libros de poetas y escritores. Pero soñar también era tentador: en su casa en espiral estaba cómodo...sus sueños eran largos. ´
Un día pensó que daba igual si soñaba o leía mientras andaba. Sacó su Libreta de Anotaciones Inconexas y escribió: El que viaja es como el que lee y el que lee es como el que viaja . Estas anotaciones no debían olvidarse. El olvido es como apagar la luz en una habitación con todos los recuerdos y percatarse que no sólo no se vé nada, sino que no se oye ni se puede hablar o pensar. Por eso llevaba su casa a cuestas: cargaba sus recuerdos que iluminaban su habitación.
Desde la semana pasada no se lo ha visto más. Sólo algunos paisanos suyos pero éstos prefiren pegarse a las piedras o a los árboles y son un poco huraños. Dejó una huella plateada sobre las mudas rocas y verdeante hierba, perdiéndose y borrándose a medida que se avanza en el bosque.
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