Crónica rosa
Un cronopio, socialista por naturaleza, tuvo la osadía de enamorarse de una fama, aguardó sigilosamente a que saliera de la cafetería, y con entonado acento le dijo: ¡Fama! Eres una lluvia de estrellas ambulante donde cada peca parece un milagro. La fama, molesta, no ajena a la sorpresa, insultó tiernamente al cronopio, con tal intensidad que sus estrellas brillaron como nunca, el pobre cronopio quedó anonadado ante tal espectáculo galáctico, y sólo mucho después, pudo recoger unos restos de polvo, que puso en un frasquito, el cual contempla en aquellas noches negras, llenas de soledad.
|