El Aeropuerto 2
Los cronopios acuden al aeropuerto con la misma intensidad que al teatro o la heladería, acuden sin otra excusa que la fascinación que representa ver esos enormes pájaros voladores, cuyo hogar es el cielo. Se sientan al borde de la pista a observar el descenso y el ascenso de los aviones, invocan oraciones en medio de suspiros, contraen sus estómagos y sus mejillas a la hora del aterrizaje, pues creen firmemente que su colaboración es importantísima en esta empresa. Al momento del despegue, la concentración es fundamental: aprietan sus nudillos mientras afilan sus pulgares hacia el cielo, el viento sopla como nunca, el avión remonta la pista que pareciera resistirse, pero los sueños la vencen: !adiós hermoso avión!; !adiós hermoso avión!, gritan los cronopios en medio de una terrible algarabía. Entre tanto una fama que observa por la ventanilla, se pregunta a que hora terminará el vuelo mientras escucha los reclamos airados de su esposo por la marca del whisky.
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