Mientras con mi amigo tomábamos mate, sentimos hambre. Miramos alrededor y no había ni bizcochos ni pan. Sólo había dos cuchillas que reflejaban la luz en la filosa hoja de acero.
Naturalmente las tomamos y comenzamos a filetear nuestro brazo (cada uno el suyo, eso sí!). Ya había terminado mi porción y aún no saciaba mi apetito. Decidí entonces seguir con la pierna, más precisamente la izquierda. Alcé la vista y él me miró con aprobación. Seguí, pero tan atolondrada como ambiciosa intente cortar un filete demasiado grueso. Dolió. Y ese fue el final de la fantasía.
Quedaba a esta altura, preguntarse si vive dentro del resto el deseo de antropofagia. Y si no es así, plantearlo como la mejor manera de conocerse tanto a uno mismo como a sus compañeros.
Quizás sea el camino para develar los secretos de su pareja.
No es demasiado bello decir: "comeme toda”?????
|