CANCIÓN DE LO EQUÍVOCO
El viento ha arrasado con todo.
La arena que escondía el sarcófago
ha sido desplazada.
Desplazada como los momentos.
Y de ahí, donde nada permanece
(más que el olvido y el rencor),
he sido desenterrado.
De mi suerte nadie se inmuta.
El olvido se ha compenetrado
con la expresión de mi rostro.
Con el transcurrir de los tiempos
el vacío de mi ausencia fue llenado.
No hay reposo.
Ni en la vida, ni en la muerte.
Descansa en paz quien,
con sus propios méritos,
alcanza la Vida Eterna.
Pero yo, insensato hasta los huesos,
me sumo al desespero
(víctima del desencanto).
No encuentro nada tras esta puerta.
Mis conversaciones, siempre nulas
apuntan al espejo.
Ahora, sin ser motivo de extrañeza,
el humo equilibra mi vida.
Me asfixio entre notas melancólicas.
Es mi vida, no tengo otra…
©2005 David Escandón V. |