Carla sabía que él llegaría. Se habían citado a ciegas. Ella se preocupaba por sus kilos de más, mientras empezaba a temer que él la hubiera visto y ahora no quisiera acercarse.
Nicolás miró la hora: ella llevaba media de retraso. Sospechando que lo había dejado plantado, se levantó para irse.
En ese momento a Carla se le cayó la hebilla con la que llevaba recogido el pelo. Nicolás, diligentemente, la tomó del suelo y se la alcanzó.
A ninguno de los dos les importó que sus citas hubieran fracasado, y armaron una nueva allí mismo, mientras él pensaba cuánto le gustaban las rellenitas y ella se asombraba de lo bien que le quedaban a él los anteojos. |