Pregunto cuánta niebla
ha de velar aún
la mañana nueva.
Cuánto dolor
he de parir aún
antes de verte.
Cuánta tiniebla
se va a llevar
la espera,
que cancela mis ojos
y los cierra,
que cancela mis manos
(y no tocan),
que cancela mi oído,
y te destierra. |