Mientras tomaba su cabeza con ambas manos
y sudaba pensamientos lóbregos,
arrancaba junto a sus cabellos
los sentimientos que toda una vida le mortificaron.
La locura de su razón
se apoderaba de su pena grande,
los sentimientos ahora vacilaban entre llantos y ruegos
aquella imagen sombría y fría
le llenaba el corazón de lágrimas
haciéndole recordar que su maldad
había llegado a lo máximo de su expresión:
la muerte.
Volvía al centro de su habitación
observaba el detallado acaecimiento,
quedando grabadas las manchas de sangre
también en la retina de sus ojos.
Mientras tomaba su cabeza con ambas manos,
miraba hacia su alma desesperada,
el desamor y el despecho
la soledad e incomprensión
le acompañarían por siempre,
mientras se arrancara los sentimientos,
mientras se arrancara los cabellos.
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