Es confuso.
La piel, los labios.
Soñar con mordiscos, escribirlos.
Las ganas súbitas por la piel.
El poder mirarte por minutos eternos
desde las sombras,
saber que ningún gesto será nuevo
y aun así, experimentar una necesidad curiosa
de no dejar de observar.
Es confuso.
Saber que no sientes lo mismo y a la vez,
creerme cada nuevo día que tal vez sí.
Que tú también me miras, que te atrapo.
Que te llama mi piel, te llaman mis labios
Y que, sólo quizás, tú también te confundes.
No sé porqué no jugamos sin mascaras,
ni sé porqué nos sentimos obligados a voltear
nuestras pupilas cada vez que se chocan.
No sé, es confuso.
El convencerme cada noche
de que sólo te tengo ganas
y nuevamente cuidarte y protegerte,
como si existiese algo más.
Como si inevitablemente fuera a existir
un día algo más
y sólo estuviésemos ahora esperando
a la deriva una ola que nos empuje
para no alejar nuestras pieles jamás más. |