Los espejos y tus caderas son una marea
descienden al espacio oscuro.
Irreverente, pagano
trasciendes los secretos
hurgas las sombras, sus confines.
Mis senos son en tu boca un volcán en erupción,
bendices el vino, te embriagas.
Guardas tus besos en mi ombligo,
eres una ola en busca de su bahía,
Llueves, sudas de mí.
Estampas tus manos en mi túnica,
caminas incierto.
Te anuncias, vuelves, regresas.
Inventas sendas en mis muslos,
te consagras en mi sexo.
Me invocas, te colapsas en mi piel
te cuelgas de las cadenas de mi cuello
te derrumbas en un soplo.
Estallas en primavera
te enredas, floreces, mueres.
En un relámpago eres en mí,
soy temporal en ti.
Te apagas en mi lecho.
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