El reloj sonaba todos los días a las 7 de la mañana en punto. Era una vieja antigüedad que le había regalado su abuelo años atrás, por lo que le tenía un gran afecto y un infinito cuidado al darle cuerda.
Todas las mañanas el reloj lo despertaba para que pueda hacer su duro pero satisfactorio trabajo, hasta que un día el reloj no sonó, y llego tarde para encender la cámara de gas.
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