Ningún ave envidié cuando nos acercamos bajo un encantador silencio. Sus alas que débiles me parecían.
Esta vez no soñé ninguna estrella lejana. Confirme que hay otra vías de recorrer y deslizarse entre galaxias, entre estrellas.
Esta vez no quise alejarme; yo, el arisco.
Ni sentí la gota que me cae todos los días, desde el cielo, de muy arriba, desde el fondo, desde… no sé. Nunca supe nada, siempre busque respuestas, el olvido me ayudo. Basta. Las preguntas se desvanecieron, la luz ilumino la oscura sala y todo fue diferente, inconmensurable.
Me veo en tus ojos. Me veo y te veo, tu te ves. Somos uno. Tú lo sabes, por eso he venido.
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