El tiempo es un cruel amo
«Pues bien, lo primerísimo que nació fue Caos; pero enseguida
Tierra de ancho pecho, sede por siempre segura de todos
los inmortales que ocupan las cimas del nevado Olimpo […]
Y Tierra engendró lo primero, igual a sí misma
el cielo estrellado, para que por todas partes la cubriera,
a fin de que para los felices dioses fuera sede por siempre segura.
También engendró los grandes montes, gratas moradas de unas diosas, las ninfas, que habitan por los abruptos montes.
Asimismo dio a luz al mar imposible de secar, de impetuosa corriente,
a Ponto, sin deseada coyunda. Pero luego
unida en amor a Urano parió a Océano de profundos remolinos,
a Ceo, a Crío, a Hiperión, a Jápeto,
a Teya a Rea, a Temis y a Mnemósine
a Febe de áurea corona y a la encantadora Tetis,
y tras ellos el último nació Crono de tortuosa intención,
el más terrible de sus hijos y en él floreció el odio contra su padre
Hesíodo, VIII a.d.C
diez
Si vas a leer esto y tu calendario indica alguna fecha anterior al año 2050, entonces todo ha salido mal. Hemos fracasado. Solo puedo decir que lo siento. Intenté hacerlo lo mejor que pude. De verdad.
Cuando yo era niño mi padre solía decirme que si el tiempo estuviera transcurriendo realmente marcha atrás nunca lo notaríamos. Mi padre solía decirme que nada es lo que parece. Mi padre solía decirme que cada uno de nosotros escribimos nuestra propia historia a lo largo de nuestras vidas, solo que hay que tener una historia que contar.
Ahora se que quizás alguien este escribiendo esa historia por nosotros.
Tal vez. Quizás. Conjeturas y especulaciones. Las certezas han desaparecido. Lo que sucedió tal vez nunca sucederá. O tal vez si. El futuro es incierto. O tal vez ya ha sido determinado.
Si vas a leer esto y tu coche funciona con gasolina, entonces estamos jodidos.
Esto va sobre el espacio y el tiempo. Esto va sobre la locura. Se trata de que puedo ver a través de mis manos. Se trata de que quizás no existo. O tal vez si. Esto va de héroes. O tal vez de cobardes. Esto va de amor. O tal vez de odio.
Si eres un Meta-Agente, son las cinco de la mañana y te has desplomado borracho la noche anterior después de haberte bebido un par de botellas de whisky, lo peor que te puede pasar es recibir una Alerta. El sonido chirriante, diseñado para no ser enmascarado por ninguna otra sensación, transmitido directamente a tu nervio auditivo a través del receptor implantado en tu cavidad craneal, puede ser un producto de la más alta tecnología secreta, pero no es la mejor forma para salir de un coma etílico.
-Ok, ok, Jack a la escucha. –dije en cuanto se hubo activado el número suficiente de neuronas en mi cortex superior como para articular algunas palabras.
Me incorporé y encendí un cigarrillo. Mientras el humo ascendía caprichoso hasta el techo de la habitación, girando en remolinos impredecibles, mi resaca y yo fuimos puestos al corriente del nuevo caso.
-¿Alguna pregunta? –dijo finalmente la voz del Operador, resonando en mi cráneo.
Si son las cinco de la mañana, tienes una jaqueca más grande que los Estados Unidos de América y recibes una Alerta, lo único que quieres es que alguien te arranque la cabeza.
-Entendido. –dije, y la comunicación se cortó.
Aspiré una bocanada profunda de humo del cigarrillo. Aunque me supo a rayos la nicotina me ayudó a despejarme. Me levanté dificultosamente y eché una ojeada fuera a través de la ventana. La oscuridad me devolvió mi propia imagen reflejada sobre el cristal. Llovía. Llovía al igual que el día anterior. Igual que durante los últimos seis meses. La lluvia se había convertido en la única certeza de mi vida. El cielo había comenzado ha derramar sus dulces lagrimas y aun no había agotado su tristeza. Tal era su pena.
Me fui a la ducha. El agua helada redujo el dolor de cabeza a un nivel de ocho en la escala de Angustia. El dolor no me importaba realmente. El dolor no es más que la antesala del placer. La felicidad solo existe por contraposición. Como el frío y el calor. Nadie puede ser feliz si nunca ha sufrido. Nadie puede sufrir si nunca ha sido feliz.
Los tormentos más grandes te llevaran al éxtasis. Créeme. Mi padre solía decirme que el dolor es mas real que el placer, que el verdadero Cielo consiste en librarse de ir al Infierno.
Apenas había entendido una palabra sobre el nuevo caso. Algo relacionado con un asesinato en el Centro Tecnológico. Algo sobre una bala en la cabeza. No me preocupé. Más tarde podría revisar todos los detalles que habían quedado almacenados en el módulo de memoria óptica implantado en la base de mi cráneo.
Salí de la ducha y me tome un par de valiums. El dolor bajó hasta un razonable seis. Contemplé mi propio reflejo en el espejo del baño, los ojos aún medio cerrados y el pelo mojado y revuelto. Como un perro abandonado bajo la lluvia. ¿Que había ocurrido con mi vida? ¿Como había llegado hasta allí? La cara de idiota del espejo no tenía ninguna respuesta.
Me vestí lentamente con uno de mis trajes grises. El uniforme del UMA, la Unidad Meta Agente. Superhombres vestidos como vulgares oficinistas. Si eres un Meta-Agente tienes que mantenerlo en el más absoluto secreto. Parte de nuestra efectividad se basa en el anonimato. El Gobierno no reconoce oficialmente nuestra existencia.
Como desayuno me tragué un par de m-anfetas y bebí una lata de cerveza. Comencé a sentirme mejor. Encendí un nuevo cigarrillo mientras contemplaba las primeras luces del grisáceo amanecer. Con la mente algo mas despejada volví a escuchar lo que el Operador me había contado minutos antes. Su voz fluyó de nuevo desde el pequeño receptor conectado a mi nervio auditivo. Se trataba de un asesinato. Un tal Profesor Fastworth, del Centro Tecnológico de Houston, había aparecido muerto en su despacho. Aparentemente un disparo en la cabeza. Típico. Desde que se invento el revolver hace doscientos años, una bala en la cabeza ha sido el método más usado cuando se trata de liquidar a alguien. Sin embargo me extrañó que me reclamaran para un asunto tan nimio. A primera vista no parecía nada de lo que no pudiera encargarse un detective convencional. Alguien muy arriba debía de haberse puesto nervioso por ese asesinato si involucraban al UMA.
Mi forma de entrar en la Unidad especial Meta-Agente fue un tanto inusual. Después de enrolarme en el Ejército y pasar por la DF, entré en la Agencia, aunque al principio me ocupaba principalmente de recopilar datos y elaborar informes. Nada de trabajo de campo. Siempre he sido bueno en elaborar teorías a partir de retazos sueltos de información. Una especie de sexto sentido. Sin embargo, desde el primer momento supieron que mi organismo tenía un 90% de probabilidad de sobrevivir al proceso de meta-simbiosis. Ese índice no era en absoluto habitual. Ya era difícil encontrar individuos que ofrecieran unas garantías de supervivencia superiores al 50%, lo cual significaba que la mitad de los elegidos morían en algún momento del largo y doloroso proceso de transformación. Por eso me ofrecieron la oportunidad desde el principio.
Si tu cuerpo aguanta lo que te hacen, el resultado merece la pena.
Bajé hasta el sótano del edificio donde se encontraba mi moto. Al salir del parking saludé amablemente al vigilante. Una masa estúpida de carne cuya única función era subir y bajar la barrera de acceso. Me devolvió el saludo con un movimiento desganado de la mano. Demasiado esfuerzo tal vez. Y yo me jugaba la vida a diario para que tipos como ese pudieran dormir tranquilos. Entré en la autopista y aceleré. El motor de hidrógeno emitió con un suave zumbido mientras desarrollaba su potencia bajo mis piernas. Conducir a 200km por hora hizo que comenzara a recuperar los reflejos entumecidos.
Al principio, a pesar de las probabilidades de éxito, yo me negué a convertirme en un Meta-Agente. Tenía otros planes para mi vida. Quería poder regresar a casa cada noche con mi familia después del trabajo. Quería seguridad y estabilidad. No necesitaba más riesgos que enfrentarme al tráfico cada mañana para llegar hasta la Oficina.
Sin embargo, cuando esa vida desapareció incluso antes de que se volviera una realidad, yo mismo me ofrecí voluntario. Mi vida era mi mujer y me engañó. Mi vida era nuestra hija y la muy zorra me la robó antes de nacer.
Hasta el último hueso de mi esqueleto ha sido cubierto con titanio ultraligero. Darme un puñetazo no es muy buena idea si no quieres destrozarte la mano.
A pesar del 90%, lo único que yo pretendía era morir. Quería desaparecer. Buscaba la autodestrucción. Pero la única forma de destruir algo es construir otra cosa completamente diferente en su lugar.
A 250 kilómetros por hora el suave trazado de la autopista comenzaba a asemejarse mas a una interminable espiral, una larga curva tras otra. El resto de vehículos quedaban atrás, transportando a sus ridículos conductores con sus ridículas vidas dirigiéndose hacia sus ridículos destinos. Todo quedaba atrás mientras el paisaje se volvía borroso, mi vida entera se volvía borrosa. Por un momento tuve la tentación de dejarme llevar en la siguiente curva y volar hacia el Final. Aunque, pensé, con mi esqueleto probablemente sobreviviría al impacto, y no quería ni imaginar lo que podría dolerme.
Aun recuerdo lo que me dolió aquella mañana, cuando comenzó a guardar su ropa en maletas, como quien se prepara para unas vacaciones. Fue solo entonces cuando me dijo con indiferencia que se iba de casa. Me dijo que se iba a vivir con Michael. Michael, con su mansión, sus coches caros y sus músculos sintéticos. Michael era el dueño de una de las compañías de Software de mayor éxito. Programaban videojuegos. Programaban estupidez para alimentar a la insaciable hambre de estupidez de la humanidad. Yo había conocido a Mike, como le llamaba mi ex-mujer, en una de esas estúpidas fiestas corporativas a las que a ella le encantaba asistir. Ella decía que era bueno para fomentar las amistades. Yo odiaba a aquellas personas. Ella decía que era conveniente para su carrera. Parece ser que tomó el camino mas corto hasta la cumbre, follarse al jefe. Mientras hacía las maletas me dijo que nuestro matrimonio no funcionaba. Que yo nunca la había hecho feliz. La típica excusa. Lo curioso es que en aquel momento no reaccioné, me sentí realmente culpable. Tan solo me quedé allí sentado mirándola sin decir nada mientras dentro de mí todos mis órganos se desgarraban. Me limite a verla recoger sus cosas e irse. Hoy es dolor, pensé, mañana el dolor se transformara en felicidad. Que estúpido era.
Aceleré un poco más. Por mi torrente sanguíneo corren sustancias que multiplican mis reflejos por diez. Auque conducir a más de trescientos kilómetros por hora bajo la lluvia puede resultar trivial para mi, quizás los neumáticos no resistieran la temperatura durante mucho tiempo. Quizás podría sufrir un terrible accidente del que no sobreviviera. Quizás.
Íbamos a tener una hija. En realidad ya la habíamos tenido. Las pruebas de embarazo dieron positivas. Intentó ocultármelo pero lo supe. Teníamos tantos planes. Y entonces se fue. Con mi hija. No me fue difícil averiguar que ese hijo de puta de Michael era estéril. Querían tener un hijo, así que ella congeló el embrión y lo tuvo un par de años más tarde fingiendo que era de él. Mi hija. Al parecer ellos también habían hecho sus propios planes, y parte de ellos pasaba por robarme mi propia vida. Lo que yo más quería. Lo que yo más iba a querer. Aun no se por que no los liquidé a los dos. Conozco mil formas de hacerlo y nunca hubieran podido relacionar el asesinato conmigo. Quizás los dejé vivos porque no quería que mi hija sufriera. Su madre era una hijadeputa, pero era su madre. Para ella sería la mejor persona que existe. Para ella seria la luz del sol, el cobijo, la seguridad. Para ella sería la sabiduría, la fortaleza, la virtud. Esa zorra. Algún día ajustaríamos cuentas. Cuando mi pequeña fuera capaz de entender. Cuando estuviera preparada para saber quien fue su madre y el daño que me causó. Entonces entendería lo que yo tenía que hacer. Entonces quizás me perdonaría.
Solté ligeramente el acelerador para tomar la salida que conducía al Centro Tecnológico de Houston, el mayor complejo científico y tecnológico civil del país. Por algún motivo que yo desconocía, hacia tiempo que los militares quedaron atrás en las cuestiones de alta tecnología. Daba igual, el dinero era desviado hasta los Institutos privados que a su vez vendían sus desarrollos al ejército. Dinero a cambio de destrucción. Al final todos obtenían lo que buscaban.
Se me había advertido que debido a la naturaleza de las investigaciones que allí se llevaban a cabo, el CTH contaba con lo último en medidas de seguridad. Mientras te acercas a la entrada los escaners analizan hasta el último detalle de tu cuerpo: tu estructura ósea, tu índice de masa corporal, los rasgos de tu cara, tu retina, el color de tu pelo, de tu piel, tu ropa, el contenido de tus bolsillos. Cuando pasas por el escáner conocen hasta la marca de tus calzoncillos. Toda esa información es cotejada con la base de datos mundial de identidades. Después de pasar por el escáner conocen quien eres mejor que tu mismo.
Eso si eres un tipo corriente, claro. Mi esqueleto no era algo que pasara inadvertido pero yo no quería llamar la atención. Así que lancé una señal conteniendo mi código personal y me volví invisible para el sistema. O mejor dicho, el sistema de identificación fue desviado hacia una falsa identidad, un inspector de homicidios del viejo y caduco FBI. Es otra de las ventajas de pertenecer al UMA. Puedo entrar y salir de cualquier sitio a mi antojo. Todos los sistemas de seguridad que se construyen en este maldito país han sido manipulados antes de salir de fábrica para ser neutralizados por el código de un Meta-Agente.
Eso incluye la alarma de tu casa. Eso incluye el sistema de seguridad de la mansión donde vive mi ex-mujer.
En la siguiente puerta había un megapoli de carne y hueso esperándome. Los megapolis son tipos duros. Más que un poli convencional pero no tanto como un Meta-Agente. Son la última línea de defensa de cara al público. Son la policía de élite del mundo real. Nosotros estamos en la sombra, no llamamos la atención, no vestimos como polis. Ni siquiera tenemos apariencia de polis. No la necesitamos. Con mi exoesqueleto reforzado y mi musculatura tratada con microfibras sintéticas y ayudada por nanomaquinas, mis setenta kilos de peso son suficientes para desplazar más de cinco toneladas. Si me das un punto de apoyo. Los megapolis son toda apariencia, una montaña de fibromúsculos y equipo, armas sofisticadas y tecnología puntera. Puedo liquidar a una docena de ellos con las manos desnudas sin despeinarme.
Aquel megapoli me saludó con una ligera inclinación de cabeza mientras se abría silenciosamente el gran portón de acero que daba paso al interior del recinto. Una vez dentro pude ver que habían levantado puestos de vigilancia en todo el perímetro. Debía de haber un batallón completo custodiando aquel lugar. Observando las medidas de seguridad con las que contaba el recinto supe de inmediato que el asesinato había sido cometido por alguien desde dentro. Con toda aquella seguridad era prácticamente imposible que alguien sin permiso para acceder allí se hubiera podido colar dentro con un arma para matar.
Después de aparcar mi moto, me dirigí a uno de los edificios del complejo donde un tal Profesor Clarence debía esperar mi llegada. La lluvia arreció empapando el tejido gris de mi traje.
Me implantaron una retina sintética en mi ojo derecho. Gracias a ella puedo ver imágenes superpuestas sobre mi visión normal, lo que me permite navegar por la información almacenada en mis módulos de memoria sin necesidad de conectarme a ningún terminal. Solicité una fotografía del profesor Clarence. Entre la información necesaria para el caso había un completo dossier con detalles sobre todo el personal del Centro. El Profesor Clarence era el Director, el máximo responsable administrativo. Su imagen mostraba a un tipo de unos cincuenta años, de pelo blanquecino que contrastaba con un rostro bronceado.
El profesor vino a mi encuentro. Por unos instantes su imagen se superpuso a la de la fotografía que yo estaba visualizando, como si ésta cobrara súbitamente vida propia.
-Hola... err... ¿señor Friks? -dijo con tono tímido- ¿es usted el detective Friks verdad? –asentí mientras estrechaba su mano. -Me dijeron que no llegaría hasta las nueve. Se ha adelantado. Yo...perdone usted mi titubeo pero...no pensé que fuera usted cuando le vi al principio… Imaginaba que un policía... err...tendría otra apariencia...
-Ya. ¿Algo así como un megapoli de paisano verdad?
-Bueno... si... a simple vista parecía usted más bien uno de los jóvenes profesores... –me miró a los ojos un instante y luego dirigió su mirada al suelo.
-Bueno no se preocupe. También voy al gimnasio dos veces por semana. –dije con tono jovial luciendo la sonrisa más simpática de mi repertorio.
El Profesor Clarence levantó la cabeza, mantuvo la mirada perdida durante unos instantes y entonces soltó una carcajada nerviosa.
-Perdone, tiene usted razón. Supongo que si le han enviado es porque sabe lo que se hace. Entiendame, últimamente vivimos bajo una cierta psicosis, rodeados constantemente de estos...megapolis como les llaman vulgarmente. Mi idea de un policía está bastante condicionada. –Clarence me extendió su brazo indicándome que pasara al interior del recinto.
-¿Y no siempre ha sido así? Quiero decir, la protección policial del Centro.
-Bueno..., siempre hemos cuidado la seguridad, contamos con las mejores tecnologías... ya sabe. Pero desde hace algunos meses nos hemos visto… invadidos…por así decirlo.
-¿Y a que se debe su presencia? –sospeché que podría haber una relación entre el reciente asesinato y el incremento en la seguridad. Tal vez trataban de prevenir lo que justamente había sucedido.
-Sinceramente, no lo sé –dijo -Aquí trabajamos en varios proyectos para...err...el Ejército. –el profesor parecía avergonzado de reconocerlo. –He de suponer que se trata de algo relacionado con ellos. Pero no nos dieron ninguna explicación, simplemente nos impusieron todo esto... –hizo un gesto con su mano señalando a su alrededor. –bajo amenaza de suspender los contratos si no lo aceptabamos.
-Entiendo.
El profesor caminaba delante de mí. Las puertas corredizas de acceso al edificio se abrieron al detectar su presencia.
-Venga usted por aquí. Supongo que lo primero será visitar…ejem...el lugar del crimen ¿cierto?
-Por supuesto. Me gustaría inspeccionarlo antes de que llegue mi equipo y lo ponga todo patas arriba. Tengo por costumbre echar un vistazo a la escena tal y como la ha dejado el asesino, respirar su atmósfera...
El profesor me miró y asintió.
Nos encontrábamos al comienzo de un largo pasillo de unos cincuenta metros flanqueado por una serie de puertas que supuse pertenecerían a los despachos de los investigadores. Al fondo podía verse la puerta metálica de un ascensor.
-El despacho del profesor es el último de nuestra izquierda, justo antes del ascensor. –el profesor caminaba dando zancadas cortas pero rápidas. Aceleré mi paso para no quedar atrás.
-Y el ascensor lleva a los niveles inferiores donde se encuentran los labos de investigación –dije adelantándome a la explicación del profesor. Mientras caminábamos por el pasillo, sin que el profesor lo advirtiera, estaba estudiando el mapa de aquella parte del complejo. Aunque observando que el ala donde nos encontrábamos solo tenía un piso de altura, no era difícil deducir que el resto de las instalaciones debían encontrarse bajo tierra.
-Efectivamente. –dijo Clarence.- ese ascensor desciende unos cien metros de profundidad, hasta el labo que dirige, bueno, quise decir que dirigía el profesor Fastworth.
Llegamos al despacho. Se encontraba cerrado. El profesor Clarence pasó su dedo pulgar por encima del sensor y la puerta se abrió suavemente.
-Se ha restringido la entrada a esta área. De momento solo yo tengo acceso.
El despacho estaba a oscuras pero las luces se encendieron cuando el profesor dio un paso hacia el interior. El sistema de iluminación automático era lo bastante inteligente como para saber que el cuerpo que había sentado en el centro de la habitación no tenía vida, y por tanto, que las luces debían permanecer inactivas. El cuerpo del profesor Fastworth se encontraba reclinado en su sillón, detrás de un gran escritorio. Era un individuo bastante grueso, casi obeso. Su rostro había dejado de ser joven hacia mucho tiempo. Tenía una abundante melena de pelo blanco a juego con sus cejas también blancas y muy pobladas. La cabeza estaba inclinada hacia atrás. A simple vista podía parecer que el cansado profesor estaba echando una siestecita después de una dura jornada de trabajo. No había signos de violencia en la habitación. Todos los documentos sobre la mesa estaban en orden. Nada indicaba, ni su expresión facial ni la postura en la que su cuerpo había quedado inerte, que hubiera intentado defenderse de algo o de alguien. Me aproximé para observar de cerca la herida que había causado la muerte. Se trataba de un pequeñísimo orificio, más parecido al producido por una aguja que el que causaría una bala. Alrededor del orificio había una marca en forma de círculo, una especie de quemadura en la piel. Aquello me pareció raro. La herida no había sido producida por nada que yo conociera. Y soy un experto en armas. Estudié la parte posterior de la cabeza. No había orificio de salida.
Extraño. Para perforar el hueso frontal el proyectil necesitaría una velocidad tal que le hubiera hecho atravesar también el lado opuesto.
-¿A que se dedicaba el profesor? –pregunté mientras recorría el despacho con la mirada -¿sobre qué estaba investigando cuando le mataron?
-Buscaba la forma de romper la barrera de la velocidad de la luz. –dijo el profesor Clarence con toda normalidad.
-Explíquese por favor. –dije algo sorprendido.
-Bueno, verá...es algo complejo de explicar en unas pocas palabras...
-Inténtelo...-dije pacientemente. Sospechaba que la muerte del Profesor estaba relacionada directamente con su trabajo. Debía de estar ocupándose de algo muy importante para el maldito Gobierno. De otro modo no hubieran enviado a alguien del UMA a investigar.
-Bien...veamos...supongo que sabrá que hasta ahora se suponía que la velocidad de la luz era una constante universal que no podía ser superada bajo ningún concepto, entre otras cosas porque cuando la velocidad tiende a c la masa tiende a infinito...
-Si, eso ya lo se. Puede ahorrarse las explicaciones introductorias. Estudié algo de física...en la universidad, antes de convertirme en Policía. –mentí. Había aprendido física, pero por mi cuenta cuando era un adolescente. Con todo, aun recordaba la clásica teoría de la Relatividad.
-¿A si? vaya…bueno, verá... -advertí que el profesor Clarence tenia la exasperante costumbre de comenzar todas sus frases con titubeos acompañados de vaivenes de cabeza- El difunto y de cuerpo presente profesor Fastworth –dijo- había conseguido desarrollar un…mecanismo, por así decirlo, capaz de acelerar la luz que viajaba por su interior. Quizás no sepa que algo así ya se consiguió a principios de siglo, pero no se pudieron consolidar los resultados, hubo mucho escepticismo...ya sabe como es este mundillo...-no lo sabia pero asentí. -El caso es que en aquella ocasión la investigación se canceló. Sin embargo esta vez se han repetido los mismos resultados de forma irrefutable. Ahora sabemos que sí es posible superar la velocidad de la luz. Supongo que si ha estudiado física entiende las implicaciones que eso tiene...
Mi cerebro funcionaba a toda velocidad. No quedaba rastro de la resaca de la mañana. Mi mente estaba despierta y alerta. Superar la velocidad de la luz. Eso significaba...
-Se refiere al desplazamiento temporal.-dije.
-Eso es. -el rostro de Clarence se ilumino de satisfacción al comprobar que conocía por mi mismo los fundamentos de las teorías de Einstein.– Lo que Fastworth ha conseguido generar es un levísimo retardo temporal de apenas unas milmillonésimas de segundo. Ese es el tiempo que el rayo de luz detectado en la salida se ha adelantado a su entrada. Pero ahora bien, una vez demostrado que es posible esta inversión temporal se abre un nuevo mundo de posibilidades. Imaginese, desde viajes interestelares hasta...-bajó la voz, como temiendo ser oído por alguien más. El profesor Clarence nunca me miraba directamente a los ojos cuando hablaba. Su mirada vagaba de un lado a otro del cuarto, como distraído. Sin embargo, en aquella ocasión fijó sus ojos en los míos para decir:
–Hasta...viajes en el tiempo...
Guardó silencio pero no necesitó decir más para que me hiciera una idea de las implicaciones de aquello. La luz codifica datos, y si la luz podía ser enviada al pasado... lo que el profesor había demostrado es que era posible enviar información a través del tiempo. Comenzaba a darme cuenta de lo que podía estar en juego. Quien dominara aquella tecnología seria capaz de anticiparse a los acontecimientos, podría cambiar el curso de la historia en su propio beneficio. Si Hitler hubiera sido avisado de los planes de los aliados el día D, si alguien hubiera conocido de antemano cuando se iban a producir las caídas de las bolsas, las depresiones económicas, el resurgimiento asiático y las terribles consecuencias que trajo...
La información había superado hacia tiempo las fronteras espaciales, pero ahora estaba a punto de superar también la mismísima barrera del tiempo.
-Por su cara veo que empieza a entender lo que significa este hallazgo. –dijo Clarence. -probablemente aún este muy lejos el día en que el viaje en el tiempo sea una realidad, pero hemos comenzado a mover las fichas para que eso sea posible. Sentada la base teórica, ahora tan solo se trata de mejorar la tecnología, y la historia nos enseña que en esas cuestiones, lo que parece impensable para una generación queda ampliamente superado por la siguiente.
-Entiendo la trascendencia del descubrimiento. Y entiendo el interés que puede despertar el uso de esta tecnología. Pero si el profesor era su máximo impulsor, ¿por qué asesinarlo?
El profesor me miró de nuevo a los ojos.
-Amigo, mi trabajo consiste en vérmelas con quarks y fotones, el suyo es averiguar quien rayos está detrás de esto.
nueve
El profesor Clarence recibió una llamada del megapoli que custodiaba la entrada. Mi equipo había llegado. Clarence autorizó su entrada y en unos minutos llegaron hasta el despacho donde nos encontrábamos. Presenté a Tom, el jefe de mi equipo, al profesor. Tom y yo llevábamos trabajando juntos diez años, prácticamente desde que entré en el UMA. En todos aquellos años habíamos desarrollado una fuerte amistad. Nos habíamos corrido unas cuantas juergas, habíamos llorado nuestras penas sobre el hombro del otro y todas esas pequeñas cosas que hacen que se forje una estrecha amistad. Tom se encargaba de la meticulosa tarea de reconocer el lugar del crimen y buscar cualquier pista que sirviera para desenredar la madeja que, tarde o temprano, acaba conduciendo al culpable. No existe el crimen perfecto, sino el investigador descuidado.
-El se hará cargo de todo mientras nosotros bajamos al labo.-dije una vez hechas las presentaciones- me gustaría echar también un vistazo abajo.
-De acuerdo...aunque me disculpará...pero yo no podré acompañarle. –dijo el Profesor Clarence con su habitual titubeo – Avisaré a la doctora Linn para que sea ella la que le muestre lo que usted desee. Ella trabajaba directamente con Fastworth y podrá ponerle al corriente de todos los detalles mejor que yo.
-No me gustaría involucrar a más personal del instituto en esto, preferiría mantener la máxima discreción...
-Ah, no se preocupe, ella es de mi entera confianza, lleva varios años trabajando con el profesor, desde que comenzó con este proyecto. Además, mis obligaciones me impiden quedarme con usted. Para mi desgracia últimamente debo dedicar mas tiempo a los asuntos burocráticos que a la física...-Agachó la cabeza con preocupación. -La doctora Linn será su guía a partir de ahora para todo lo que usted necesite aquí.
Asentí. Realmente tenía muchas preguntas acerca de la investigación del profesor Fastworth y necesitaba a la persona que mejor conociera su trabajo para contestarlas. El profesor hizo una llamada con su móvil y en unos minutos apareció ante nosotros una mujer a la que Clarence presentó como la doctora en física de partículas Jean Linn. La doctora era joven. Mucho mas joven de lo que yo esperaba. No había tenido tiempo de buscar su imagen en mi banco de memoria. Aparentaba unos 25 años, aunque las ligeras arrugas alrededor de sus ojos delataban que probablemente pasaba ya de los treinta. Era ligeramente mas alta que yo, de pelo moreno y corto, ojos verdes y una mirada penetrante y relajada. Su figura era esbelta, casi demasiado delgada, aunque debajo de su bata de laboratorio pude observar unas piernas firmes y fuertes. No he conocido demasiados científicos mujeres, pero me sorprendió el aspecto de la doctora. Parecía mas una modelo publicitaria que una esforzada investigadora que pasara horas sentada en su laboratorio descifrando ecuaciones. Tuve una erección al estrecharle la mano.
-Bien, bajemos al labo. –dijo con una voz calida y a mi me lo pareció, sensual. –me alegré de que el viejo profesor dejara a partir de ahora el puesto de guía a la doctora.
El ascensor descendió durante unos tensos minutos y llegamos a un enorme recinto. Debía de tener más de medio kilómetro de longitud. El techo se encontraba a una decena de metros sobre nuestras cabezas. La iluminación y la amplitud de aquel lugar casi hacían pensar por unos momentos que nos encontrábamos al aire libre, en lugar de a varios cientos de metros bajo tierra. La sala estaba llena de maquinaria de aspecto irreconocible para mí. Había mazos de cables de fibra óptica tendidos por todos lados, interconectando todos los equipos electrónicos entre si, aunque la mayor parte de los cables confluían hacia una gran esfera de cristal que se encontraba en el centro.
La doctora Linn comenzó a hablar con esa voz:
-Supongo que el profesor Clarece le habrá puesto al corriente sobre nuestra labor aquí. Llevamos cinco años trabajando duramente en este proyecto. Tan solo hace unos meses que alcanzamos por fin nuestro objetivo. Superar la velocidad de la luz. –dijo con tono efectista haciendo una pausa para estudiar mi reacción. Yo permanecí impasible esperando que continuara. –Aunque como era de esperar se ha suscitado cierto escepticismo hacia los resultados, hemos sido capaces de repetir el experimento en hasta diez ocasiones diferentes, demostrando que no se trata de un error en los datos obtenidos.
Mi erección regresó nuevamente al oír su voz. Tuve que hacer un esfuerzo para concentrarme en sus palabras.
-Y dígame, ¿como lo consiguen? –pregunté
-¿Ve la esfera de cristal del centro? Es lo que llamamos un motor de distorsión espacio-temporal. En su interior se crea una burbuja espacio-temporal que describe una región donde el espacio-tiempo se comporta como en la relatividad especial dentro y fuera de la burbuja. Sin embargo, las paredes de la burbuja se expanden de tal forma que los rayos de luz que se propagan en el interior se desplazan a velocidades superlumínicas. Para ello hemos necesitado aislar una masa suficiente de materia exótica, lo cual consume una cantidad desorbitada de energía, ya sabe…
Asentí con una sonrisa idiota. No había entendido una palabra de lo que había dicho, pero tampoco me importaba. Lo que me interesaba eran las aplicaciones prácticas que aquello pudiera tener.
-¿y cree que seria posible aprovechar este avance para desarrollar un método para...digamos...una especie de viaje en el tiempo, por llamarlo de alguna forma?
-Bien, hoy por hoy es difícil imaginar un uso de todo esto –hizo un gesto señalando a la esfera -al margen de las especulaciones que sin duda surgirán. No mientras no averigüemos la forma de hacer que el desfase temporal sea mayor, lo suficientemente grande como para que podamos hablar de un envío real de información al pasado.
-Pero el profesor sabia como conseguirlo ¿verdad? –Hice la pregunta por sorpresa para ver su reacción. De alguna forma intuí que Fastworth tal vez había descubierto algo, un descubrimiento que hizo que le mataran.
Linn, que hasta ahora mantenía una actitud distante, hablando conmigo sin apenas mirarme a la cara, como si diera una charla en una conferencia o hablara a un grupo de alumnos, me miró a los ojos y durante un instante pude ver sorpresa y un cierto temor en su mirada. En seguida compuso su expresión y me sonrió. Una sonrisa con cierta picardía.
-Creemos que si. Nunca dijo nada que lo diera a entender, pero todos pensamos que andaba detrás de...algo, algo que hubiera podido dar un nuevo enfoque a nuestro trabajo...pero sea lo que fuere se llevó su idea a la tumba.
Miré a la doctora intentando centrarme en sus palabras y olvidarme de su cuerpo.
-Creo que he visto suficiente aquí –dije- mis chicos bajarán luego para analizar el labo, ya sabe, tomar huellas, realizar los análisis de presencia y todo eso. Queremos saber si alguien del exterior ha conseguido entrar aquí o si por el contrario nuestro asesino se encuentra entre el grupo de personas del instituto que tiene acceso a este lugar. Por cierto, ¿conoce usted cuantas personas tienen acceso aquí exactamente?
Nos dirigíamos hacia el ascensor de vuelta a la superficie. La doctora Linn parecía aliviada de que abandonáramos aquel lugar.
-Tendría que confirmarlo con los ficheros de seguridad, -dijo -pero creo que tan solo unas ochenta personas estaban autorizadas a entrar en esta parte del complejo. El profesor fue muy riguroso en ese sentido. Tan solo el personal imprescindible para llevar a cabo las operaciones podía acceder aquí. El grupo principal lo formamos unas diez personas de confianza del profesor, el resto son ingenieros y técnicos que se dedican a montar la maquinaria y ajustar los complejos sistemas electrónicos que utilizamos, pero que no tienen una dedicación exclusiva a este proyecto.
Ochenta personas era un número grande, pero para empezar era mejor que las más de cinco mil que, según mi información, trabajaban actualmente en el Centro. Llegamos de vuelta al despacho del profesor asesinado. Mi gente ya había retirado el cuerpo. En aquel momento estaban analizando minuciosamente el lugar. Hasta la ultima molécula de aquel despacho seria recopilada, etiquetada y analizada. Todos los elementos de aquella habitación habían presenciado el crimen, y en ellos se encontraba la información para descubrir al asesino. Tan solo había que saber interpretarla. Hice una señal a Tom que se acercó a nosotros.
-Tom, ¿tenemos ya determinada la hora del asesinato?
-Si. Las once y media de la noche.
-Perfecto. Primero nos centraremos en el personal del Centro. Necesito que consigas el archivo de seguridad con los nombres de todos los que tuvieran acceso hasta el despacho del profesor y el labo. -señalé con un gesto al suelo -son alrededor de ochenta. Yo me ocupare de los diez colaboradores directos. Interrogad vosotros al resto y averigua donde y con quien estaban a esa hora. Supongo que a estas alturas todo el mundo habrá inventado una coartada, sea inocente o no, pero necesitamos empezar por algo. Despliega la unidad B abajo, averigua quien ha entrado en esa sala en las últimas 48 horas y crúzalo con las visitas al despacho de Fastworth en ese periodo...
-Tenía pensado hacer todo eso a continuación, Jack. –Tom conocía su trabajo y me conocía a mí a la perfección. Nunca había necesitaba decirle lo que era necesario hacer en un escenario del crimen. Sin embargo creo que la presencia de la doctora Linn me hizo proferir aquellas palabras en un tono más imperativo del habitual. Inconscientemente quise hacer un alarde de mi posición superior y de mis habilidades. Como un patético jefecillo que quiere impresionar a su amiguita. Me di cuenta de que aquellos ojos verdes me habían afectado más de la cuenta.
-Lo siento Tom. Se que sabes de sobra lo que necesitamos hacer a continuación. Tan solo estaba pensando en voz alta para organizar mis ideas...
-ok. Tú eres el jefe. –me guiño un ojo y desvió levemente la mirada hacia la doctora. El muy cabrón me había pillado.
-De acuerdo.-dije, disimulando mi vergüenza.- doctora, necesito uno de los despachos para interrogar a los diez colaboradores. Eso también la incluye usted. Tom, nos veremos esta noche en mi casa para informarme sobre los avances de hoy.
Tom ya había vuelto al interior del despacho y se encontraba enfrascado en el manejo del detector de ferormonas. Las ferormonas son nuestra involuntaria tarjeta de visita. Las vamos soltando por todas partes sin que podamos hacer nada por evitarlo. Analizando los residuos antes de que desaparecieran tendríamos una huella de cualquiera que hubiera pasado por allí en las ultimas horas.
-¿donde puedo establecer la sala de interrogatorios? –pregunté a la doctora Linn que me observaba con expresión divertida. Aquella mujer me desconcertaba.
-mi despacho es el primero del pasillo. El más cercano a la puerta de acceso. Creo que será el más adecuado...para sus interrogatorios –lo de interrogatorios lo dijo con un cierto énfasis, pero no supe identificar si se trataba de una burla.
-bien, entonces adelante. Tenemos mucho trabajo por delante. -dije con mi expresión más seria.
ocho
Pasamos al despacho de la doctora Linn. Tenía un aspecto similar al del profesor Fastworth. Las paredes estaban forradas de estantes ocupados en parte por libros impresos y en parte por diversos artilugios electrónicos cuya utilidad a mi se me escapaba. Linn, con una ligera presión de su dedo índice sobre el sensor del escritorio, activó la pantalla holográfica de su consola. Entró en la base de datos del centro y pudimos leer la lista de personal que tenia acceso a la parte del complejo donde nos encontrábamos. Como me había dicho, eran ochenta y siete personas en total. La doctora destacó diez nombres sobre los demás. Uno de ellos era el suyo propio.
-estos somos los miembros del equipo que desarrollaba el proyecto Cuenta Atrás. Se que puede sonar algo estupido pero ese fue el nombre clave que el profesor le dio. Los diez trabajábamos en esto con dedicación exclusiva. Eso significa pasar encerrados en el laboratorio la mayor parte del día. Algunos de nosotros tenemos apartamentos en el propio recinto del instituto, así que casi nunca salimos al exterior... –la doctora hablaba sin quitar la vista de la holopantalla. -En cuanto al resto del personal con acceso, como ya le dije, se trata de ingenieros y técnicos del centro que se ocupan del equipamiento. Les compartimos con el resto de proyectos que se desarrollan en el CTH. Supongo que cualquiera de ellos también podría haber llegado hasta el despacho del profesor sin problemas.
Sin embargo, pensé, algo me decía que el profesor había estado charlando con alguien de su confianza, probablemente alguno de los miembros más cercanos de su equipo. El asesino bien podía ser uno de los diez nombres que aparecían iluminados en la holopantalla.
La doctora Linn se reclinó en el gran sillón detrás del escritorio, cruzo las piernas y me miro con sus ojazos verdes. Por unos instantes fantaseé con cerrar la puerta del despacho y violarla allí mismo, pero me obligue mentalmente a dejar de lado la fantasía para cuando me encontrara en una situación mas propicia para abandonarme a tales delirios.
-¿Quien de los diez -le pregunté- incluida usted, era por así decirlo la persona de confianza del profesor, su mano derecha...?
-El profesor Simak.-dijo sin dudarlo un instante. -El y Fastworth han trabajado juntos durante más de veinte años. Simak ha acompañado a Fastworth en todos los proyectos relevantes en los que ha participado.
-De acuerdo. Empezaré el interrogatorio con el. Ahora, doctora Linn, me gustaría que esperase fuera su turno…
La doctora descruzó las piernas lentamente, se levantó del sillón y se dirigió hacia la puerta con movimientos sinuosos. Una vez solo, fui yo el que ocupó el sillón. Usé el comunicador de la consola para llamar al profesor Simak. Al cabo de diez minutos se presentó un hombrecillo menudo y de rasgos afilados. Por el pelo canoso y las intensas arrugas de su frente supuse que además de haber pensado mucho a lo largo de su vida debía de ser de la misma edad del profesor asesinado. Aquel individuo se asemejaba más a la idea que yo tenia de una eminencia científica. Cada vez entendía menos que pintaba en todo esto un bombón como la doctora Linn.
-Señor Simak, soy el detective Friks. –dije indicándole que tomara asiento frente a mi. -como ya le habrá informado el señor Clarence, me han encargado la investigación del crimen que se acaba de cometer en este Centro.
El viejo profesor me miró nervioso.
-Y como usted comprenderá, -continué -necesito en primer lugar hablar con todos los colaboradores directos del profesor. Se que debe encontrarse aun bajo estado de shock, pero entienda que es necesario que le haga ahora algunas preguntas...
-Lo entiendo hijo... no se preocupe. –su voz era áspera y sonaba cansada. -nadie esperaba algo así. Hemos participado en proyectos peligrosos, desarrollando armas secretas para el gobierno, ya sabe.-me miro con un gesto de complicidad -incluso alguna vez el profesor y yo hemos vivido alguna situación de cierto riesgo. Pero nunca imaginé que realizando una labor tan académica como esta pudiera encontrar la muerte.
-así que usted considera que el trabajo que estaban realizando era puramente académico, que no tenia ninguna consecuencia practica...
-bueno, al menos no a corto plazo. No se si conoce cual era el objeto de nuestra investigación…
-la doctora Linn me lo refirió ligeramente, aunque tengo que reconocer que para un lego en la materia como yo sus explicaciones no fueron muy aclaradoras. –note que al mencionar a la doctora el viejo investigador frunció ligeramente el ceño en gesto de disgusto.
-entonces ya conocerá –continuaba Simak -que acabábamos de demostrar que la velocidad de la luz no es una constante absoluta, sino que puede ser superada.
Asentí indicándole con un gesto de la mano que continuara.
-Si bien hasta hace poco no habíamos conseguido resultados satisfactorios que lo demostraran empíricamente, Fastworth y yo llevábamos veinte años trabajando sobre esa hipótesis. Nuestro trabajo consistía básicamente en reformular diversas teorías físicas sustituyendo la constante ‘c’ que representa a la velocidad de la luz por una variable. Variable que pudiera tomar, en principio, cualquier valor mayor que la c original. Una vez que eliminábamos este limite supuesto por la relatividad de Einstein, las ecuaciones daban lugar a una nueva concepción del concepto espacio-tiempo. Fastworth y yo estudiamos los teoremas resultantes, analizando como concurriría el comportamiento del universo descrito por ellas. Sin embargo todo ese trabajo no era más que fútiles especulaciones hasta que demostramos que efectivamente la velocidad de la luz no es constante.
El profesor Simak se detuvo dando por concluida su disquisición.
-Así que lo que ustedes han construido abajo no tenia otra finalidad que demostrar que sus teorías son ciertas. ¿No pretendían obtener alguna utilidad, una aplicación de todo eso? –insistí.
-¿Se refiere al transmisor de datos?
Dije que sí. No sabía a que se refería pero al parecer la doctora Linn me había ocultado algo…
-Bien –dijo con cierto tono de irritación- pero que quede claro que para algunos, entre los que me incluyo, la maquina que estábamos construyendo solo pretendía ser un medio para demostrar una hipótesis científica. En cualquier caso, puesto que lo que conseguimos enviar a través del tiempo no es más que simple luz, lo único que es previsible que viaje hacia el pasado o hacia el futuro es la información codificada en dicha luz. Lo que Fastworth tenía en la cabeza era construir un sistema que fuera capaz de mantener un flujo de datos entre el momento presente y algún otro instante...del pasado.
-Pero usted me acaba de decir que no veía la utilidad práctica de la investigación. A mí en cambio me parece que, permítame llamarlo así, un Transmisor Temporal tendría muchísimas aplicaciones...
-Como le acabo de decir, eso es lo que pretendía Fastworth. Y en ese aspecto yo no estaba de acuerdo con el. Verá usted, el resultado que obtuvimos es absolutamente espectacular desde el punto de vista de la física teórica, pero totalmente irrelevante desde cualquier perspectiva pragmática. Para alcanzar nuestro modesto desfase temporal necesitamos utilizar unas energías inmensas. Y estamos hablando de milmillonésimas de segundo. Piense que, extrapolando esos datos, para hacer retroceder un pulso de luz tan solo un segundo en el tiempo necesitaríamos poner en juego una cantidad de energía mil millones de veces superior a la que hemos empleado hasta ahora. Agotariamos los recursos energéticos de un país en cuestión de segundos. Eso por no hablar de que no se trata tan solo de un problema en términos de cantidad de energía. Hay que resolver miles de cuestiones tanto técnicas como teóricas antes de conseguir un sistema estable capaz de transferir luz a velocidades superluminicas.
-Y pese a todo ello el profesor si creía que era posible conseguirlo en un plazo de tiempo razonable…
-Bueno...-Simak titubeó durante un largo rato, hasta que finalmente dijo:
-lo cierto es que el profesor parecía tener una idea para resolver el problema...
-¿y conocía usted de que se trataba?
-No. Tan solo supimos que estaba trabajando en algo, ajustando sus ecuaciones, confirmando los resultados. Supongo que no quería aventurarse hasta que no estuviera seguro. Pero por su actitud en los últimos días llegué a pensar que tal vez podría haber dado con algo importante...
-¿Su actitud? ¿A que se refiere?
-Bueno, se encontraba en un estado de excitación como yo nunca le había visto. Parecía tremendamente contento, pero a la vez muy preocupado. A pesar de que habíamos concluido la primera fase de los experimentos y apenas teníamos tareas que realizar abajo, en el labo, el pasaba allí la mayor parte del día. Pero rehuía las explicaciones cuando nos interesábamos por el. Ciertamente, su comportamiento era muy extraño...
-Comprendo...-me recliné en el enorme sillón. La imagen de la doctora Linn, sentada allí mismo con sus piernas cruzadas sobre el cuero negro atravesó por un instante mi mente. Algo empezaba a cobrar sentido en todo aquel asunto. El descubrimiento que Fastworth creía haber hecho debía de ser algo importante. Y por algún motivo ese hallazgo le costo la vida.
-Y dígame señor Simak, si el profesor Fastworth hubiera decidido comunicar su idea, ¿con quien cree usted que la habría compartido en primer lugar?
El profesor no pudo disimular su enfado:
-Con esa doctora Linn por supuesto. ¡Esa furcia! –lo dijo con tal rabia que provocó una lluvia de saliva sobre el escritorio de la susodicha. La cara de Simak enrojeció por la ira -¡Esa zorra farsante! Consiguió engatusar al profesor pero a mi no me engañó. El muy iluso andaba de cabeza detrás de sus faldas. Al parecer ella le hizo creer que la admiración que sentía por su trabajo se había transformado en amor... ¡Mentiras! Se ganó su confianza, su favor...
Se detuvo. El torrente de palabras de indignación casi le hizo atragantarse con su propia saliva. ¡Vaya!, pensé, así que la maciza doctora era una trepa y quien sabe si no resultaba siendo también una asesina. Tal vez se había ganado la confianza del viejo hasta el punto de que le revelara su descubrimiento a ella en primer lugar. Y luego le liquidó. ¿Pero por qué motivo? ¿Para fingir que la idea del profesor había sido suya y llevarse ella el reconocimiento? Demasiado simple. Aunque a veces las explicaciones más sencillas suelen ser las correctas. Sin embargo, estaba el arma desconocida… ¿Como habría podido la doctora burlar las medidas de seguridad para introducirla en el Centro? ¿Y si se trataba de un arma nueva, desconocida para mi, diseñada para ser invisible a los escaners? Eso querría decir que habría alguien mas detrás del asunto con los suficientes recursos para poder fabricar un arma de esas características, alguien que no estaba interesado en que el profesor hiciese publico su descubrimiento...
La voz de Simak me sacó de mis cavilaciones.
-Perdone mi enfado detective –dijo con una sonrisa forzada- pero desde que esa tal Linn llegó aquí hace cinco años, con su supuesto doctorado en física quántica y encandiló al pobre Fastworth nada ha sido igual. El era mi mejor amigo desde hacia treinta años, lo habíamos compartido todo, éxitos y fracasos. Pero cuando ella apareció se fue apartando, me di cuenta de que ya no confiaba en mí como antes. Noté que me ocultaba información sobre su trabajo y en cambio lo compartía todo con ella. –su voz sonaba muy triste, como un viejo marido desilusionado que descubre que después de treinta años de matrimonio su mujer le engaña.
-Sin embargo ella misma me dijo que usted era la persona más cercana al profesor, la persona de su confianza con la que compartiría todos sus secretos. -¿cabía la posibilidad de que el viejo Simak me estuviera engañando para hacer recaer las sospechas sobre la doctora? Un colaborador cansado de su papel de segundón podría ser manipulado fácilmente para cometer el crimen.
-así era hasta que llegó ella. –dijo con resignación. Se quedo allí quieto, contemplando fijamente el suelo. Casi me dio pena el pobre viejo. Hay personas que basan su vida en una amistad, lo dan todo y a cambio utilizan la reciprocidad de esa amistad como compensación por el fracaso en otros aspectos de su vida. Supuse, y creo que no me equivoqué, que Simak no tenia esposa ni familia, ni más amigos que el propio Fastworth. Había pasado toda su vida sintiendo admiración por aquel hombre, imaginando que compartían algo más que trabajo. Que compartían una vida. Podía imaginar su rabia cuando Fastworth le dio la espalda e intimó con la jovencita doctora. Tal vez el desgraciado profesor le mató llevado por los celos. Aunque lo lógico en ese caso es que el cadáver hubiera sido el de ella.
Pero viéndole allí encorvado frente a mi no me pareció la clase de persona capaz de cometer un asesinato. Aunque son las pruebas las que te conducen hasta el asesino, no las apariencias. He conocido a criminales despiadados que en una charla pueden ser las personas más encantadoras del planeta.
-Entiendo –le dije. – bien señor Simak, por último debo hacerle una serie de preguntas obligadas en estos casos: ¿donde se encontraba usted la noche anterior entre las once y las doce de la noche?
-estaba en mi casa, durmiendo. Tengo un apartamento dentro del recinto del Centro, aunque vivo solo, así que no puedo demostrarlo.
-De acuerdo, no se preocupe, nosotros tenemos métodos para comprobar eso. Antes mencionó que a lo largo de su vida, en algunos proyectos en los que habían participado habían vivido situaciones de cierto riesgo. ¿Cree que el profesor y usted mismo pudieran tener algún enemigo esperando una oportunidad para tomarse su venganza?
-Bueno... –el viejo medito unos instantes con la mirada perdida en el techo de la habitación -es cierto que en alguna ocasión escapamos por los pelos...pero nunca iban a por nosotros particularmente. Esos episodios ocurrieron durante la Escisión, la época de la escalada armamentística entre el ejército y los servicios secretos. Supongo que usted era demasiado joven para poder recordarlo. En aquella época nosotros participábamos en varios programas de fusión nuclear para desarrollar las microbombas térmicas. Andábamos siempre corriendo de un lado para otro, uno nunca sabia cuando iban a volar por los aires las instalaciones en las que trabajábamos.
Esbozo una tímida sonrisa.
-Pero de aquello hace ya bastantes años. No creo que nadie se acuerde de dos viejos investigadores que hacían su trabajo por pura pasión profesional sin importarles quien iba a hacer uso de lo que inventaban.
Conocía la microbomba a la que se refería el profesor, era una de mis favoritas. En aquella época yo era un niño. Por aquel entonces los servicios secretos habían quedado fuera del control del gobierno, vendidos a los grupos privados de poder. Cuando el gobierno fue consciente de la traición se desató una autentica guerra interna en las cloacas del sistema. Lo llamaron la Escisión. Pero esa era otra historia...
-Entiendo. –dije tranquilizador. -y una última pregunta: desde su punto de vista, ¿sospecha de alguien en particular como el autor del asesinato?
El profesor titubeó, note como enrojecía de nuevo. Sin duda pensaba en la doctora Linn. Probablemente había seguido el mismo razonamiento que yo mismo. Sin embargo dijo:
-No, no sospecho de nadie en particular. No puedo imaginar que alguien que yo conozca pueda haber cometido semejante atrocidad.
-muy bien doctor Simak. Ha sido usted muy amable. Como sabe, la investigación sigue abierta y quizás necesite hablar con usted en algún otro momento…
-estoy a su disposición.
Se levantó y se marchó.
A continuación fui llamando uno por uno al resto de los nueve miembros del equipo. De ninguno obtuve más información de la que ya conocía. Todos explicaron que conocían al profesor Fastworth desde hacía varios años, aunque ninguno llevaba trabajando con el tanto como el viejo Simak. Todos eran bastante vetustos, viejas glorias de la investigación científica. Varios de ellos habían conseguido el premio Novel en alguna ocasión, y todos tenían un pasado impresionante en el campo de la física teórica. Probablemente sus nombres aparecían en todos los libros de texto modernos. Fastworth había sabido rodearse de mayores genios de su época. Me chocó que la única persona joven e inexperta en el equipo fuera Linn. La única que hasta donde yo sabia no había conseguido aun nada reseñable. Supe que todos conocían en mayor o menor medida que el profesor estaba a punto de consolidar una nueva idea que podría significar un avance importante para la investigación que estaban llevando a cabo, aunque nadie tenía la menor idea de que se trataba. Lo que no me extrañó fue que todos tuvieran una idea similar que Simak respecto a la doctora Linn. La consideraban una intrusa. Consideraban que había entrado en el equipo valiéndose más de sus argucias femeninas que de sus méritos intelectuales. Aunque ninguno se atrevió a acusarla directamente, su expresión al preguntarles si sospechaban de alguien fue muy reveladora.
Así que en último lugar llamé a la persona sobre la que, hasta el momento, recaían todas las sospechas del asesinato, la doctora Linn.
El interrogatorio me había llevado la mayor parte del día. Faltaba poco para el anochecer y advertí que estaba hambriento. La doctora pasó al interior del despacho y pude observar que se había cambiado de ropa. Ya no vestía la bata de laboratorio, y la minifalda que llevara por la mañana había sido sustituida por un pantalón de tela gris, cosa que mi libido agradeció. Necesitaba poner toda la atención en el caso que me ocupaba. La excitación sexual es útil para mantener un estado de ánimo activo y alerta. Sin embargo la visión de las piernas de Linn era demasiado, mas de lo que mi equilibrio hormonal podía soportar en aquel momento.
-Doctora, -dije- tengo que realizarle también a usted el interrogatorio de rigor, ya sabe, pero antes necesito comer algo. ¿Podemos pedir que nos traigan aquí cualquier cosa?
-No hay problema – la doctora alargó su estilizada mano hasta el interruptor que activó la consola de su escritorio. Dijo:
-Menú.
Se encendió la holopantalla en la que se desplegó un suculento repertorio de platos.
-Me vale con un par de hamburguesas – le dije.
-dos hamburguesas. Completas. Gracias. Fin menú. –dijo la voz sensual y la holopantalla se desvaneció.
Mientras esperábamos la improvisada comida me mantuve en silencio con la absurda intención de generar una cierta tensión entre la doctora y yo. Mi punto de vista respecto a ella había cambiado después de los interrogatorios anteriores, ya que ahora había pasado a ser sospechosa del crimen. Así que creí conveniente mantener una cierta distancia. Sin embargo la doctora aguantó el silencio muy tranquila, mucho mas que yo a juzgar por como se acomodó en su silla mientras hojeaba una revista que había cogido de una de las estanterías. Ni siquiera intento iniciar una conversación banal. Me sentí totalmente ignorado.
Al cabo de cinco minutos llegó una persona con la comida. Inmediatamente devoré las hamburguesas mientras la doctora leía placidamente su revista.
-Bien doctora, podemos comenzar. –Dije cuando hube dado buena cuenta de hasta la ultima miga.
La doctora dejó con desgana la revista sobre el escritorio y me miró fingiendo expectación.
-Todos sus colegas han admitido no tener la menor idea sobre cual era esa misteriosa nueva línea de trabajo a la que Fastworth se estaba dedicando en las últimas semanas. Usted mantenía una relación estrecha con el, aunque no se lo dijera expresamente ¿tiene alguna idea sobre lo que podría tratarse? ¿Pudo ver algo en sus notas, en su trabajo, que le diera una pista?
-No.-dijo de forma rotunda.-el profesor Fastworth mantenía una gran reserva respecto a su trabajo. Nunca compartía sus ideas con el resto del equipo hasta que no estaba seguro de que fueran correctas.
La doctora respondió de forma tranquila, con aquel tono de voz calido y envolvente. Mi entrepierna dio ese respingo, como dándose por aludida por el sonido de la voz. En lo que toca a la mi parte racional no pude detectar el menor rastro de nerviosismo en su respuesta. Sin embargo, supe que me mentía.
-también se me ha dado a entender, y perdóneme usted pero comprenda que tengo que explorar todos los aspectos...
Linn asintió, probablemente ya conocía los rumores que circulaban sobre ella y Fastworth.
-lo que quería preguntarle es...si usted mantenía algún tipo de relación con Fastworth, aparte por supuesto de la profesional.
-Éramos amigos, -dijo sin mostrar el menor signo de embarazo -incluso diría que habíamos llegado a intimar bastante, pero eso es todo. Verá, tiene que entender que el profesor poseía una de las mayores mentes científicas del mundo. En los años que el dedicó a la investigación avanzó mas en el campo de la física que el resto de sus colegas en varias generaciones. Yo le admiraba, como científico y como ser humano. He seguido su carrera desde que era muy joven, casi una niña. Puede decirse que el fue mi inspiración para dedicarme a la física teórica. Cuando llegué aquí mi objetivo fue conocerle, no lo negaré. Así que cuando tuve la oportunidad de ingresar en el CTH luché por conseguirlo y después hice todo lo que estuvo a mi alcance para formar parte de su equipo. Lo que no me fue difícil por otro lado, ya que mi campo de trabajo se ha centrado en sus teorías, así que compartíamos bastantes puntos de vista. Si me pregunta si el se sentía atraído por mi...-hizo una pausa y me miro fijamente. Tuve que esforzarme para sostener su mirada hasta que la desvió finalmente para decir: -supongo que lo natural es que el estuviera orgulloso de mi como pupila...
-Ya. Entiendo que eso pudiera ser visto por sus compañeros con cierta envidia...
-Me temo que eso es exactamente lo que sucede. No aceptan que una joven como yo pueda poseer una mente brillante que esté a su altura.
A mi también me costaba creerlo la verdad. Tanta belleza e inteligencia en un mismo cuerpo era algo difícil de encajar.
-Y esa...digamos...hostilidad de sus colegas hacia usted, ¿llegó a generar en alguna ocasión un enfrentamiento abierto?
-En términos generales el ambiente de trabajo siempre fue cordial y todos manteníamos buenas relaciones. Comprenderá que en un trabajo de este tipo en el que es necesario pasar muchas horas juntos encerrados en el Labo, a veces incluso varios días seguidos sin salir al exterior, es normal que en determinados momentos surjan algunas tensiones y roces, reproches por algún error cometido o alguna palabra fuera de tono. Pero considero que es lo normal en cualquier equipo que trabaja bajo presión.
-¿Y que tal es su relación con el profesor Simak?
-Buena. –la doctora no dejo translucir ninguna emoción en su voz. -el viejo profesor siempre ha sido muy cortes y amable conmigo. Siempre queriendo ayudarme, muy pendiente de mi. A veces he llegado a interpretar su exceso de amabilidad como una cierta...atracción hacia mi persona...
Asentí. El viejo Simak no había podido ocultar su odio hacia la doctora, aunque quizás simplemente trataba de ocultar los celos que sentía. Tal vez se había enamorado de ella y la sospecha de que mantuviera una relación con su colega Fastworth fue demasiado par el. Pero si el viejo la quería, no tenia sentido la hostilidad que había mostrado hacia ella. Casi había llegado a insinuar que ella era la asesina. ¿O tal vez había malinterpretado yo sus emociones? Pensé que por aquel camino no llegaría a ninguna parte. A pesar de los indicios, estaba casi seguro de que la motivación del crimen no había sido pasional.
-¿Alguna vez le mencionó el doctor que tuviera enemigos? ¿Llegó a comentarle en alguna ocasión que temiera por su vida?
-No, nunca. He estudiado su biografía y se que ha vivido situaciones mas que peligrosas. Que yo sepa todo eso quedo atrás hace años. El siempre se mostraba muy tranquilo y confiado. Es cierto que casi nunca hablaba sobre su pasado, pero nunca dio muestras de temor o preocupación a ese respecto.
-Bien, y una ultima cuestión, ¿donde se encontraba usted anoche a eso de las once y media?
-En el despacho del profesor Fastworth.
Por un instante me sorprendió. Vaya, la doctora quería jugar. No dije nada y esperé a que continuara con su explicación.
-Estábamos charlando sobre los últimos avances del proyecto. Discutíamos algunos puntos del procedimiento y repasábamos los próximos pasos. A eso de las once y media me encontraba agotada y me fui a mi apartamento. El profesor me dijo que se quedaría un rato más para repasar algunos cálculos antes de irse a dormir. Ese hombre tenía una capacidad de trabajo increíble. Fue la última vez que le vi con vida.
Fingió sentir consternación. Era buena actriz pero yo sabia que mentía. De alguna forma intuía que no estaba siendo sincera conmigo. Sin embargo decidí no insistir más por el momento.
-Muchas gracias doctora, hemos terminado por ahora. Hoy también ha sido un día duro para mí. Mañana continuaré con la investigación y tal vez tenga algunas preguntas más para usted.
-Como desee. Y dígame agente...¿tiene ya alguna pista? ¿Atrapará pronto al culpable? -lo dijo con una cierta ironía que no se me escapó.
-Bueno doctora Linn, es algo pronto para aventurar conjeturas, máxime sin conocer los resultados de la autopsia, los análisis de la escena del crimen y todos los detalles. Pero le diré que si, algunos indicios me hacen pensar que estamos en el buen camino para dar pronto con el asesino...o la asesina...
La doctora no se inmuto. Me miro con una gran sonrisa.
-En ese caso le deseo mucha suerte...agente. Hasta mañana entonces...me perdonará que no le acompañe a la salida pero hoy no he podido acceder a mi despacho en todo el día y hay algunos asuntos que tengo que revisar...
Me levanté. La doctora se levantó a su vez de su silla y se sentó sobre el sillón que yo ocupaba hace unos instantes. Conectó su ordenador y fingió imbuirse en los datos y gráficos que surgieron de la holopantalla. Ni siquiera alzó la vista cuando me despedí.
-Hasta mañana...doctora Linn. –dije y salí de la habitación.
La muy zorra sabía jugar sus bazas. Yo era el detective, se suponía que debía tener la sartén por el mango, poner nerviosa a la gente. Pero era Linn la que me ponía nervioso a mí. El sexo es un arma poderosa.
Realmente no estaba cansado. Por mi organismo corrían sustancias capaces de mantenerme despierto durante semanas sin sentir el más mínimo signo de agotamiento. Mientras conducía de vuelta a mi apartamento reflexioné sobre el caso que tenía entre manos. Aun no acababa de entender que pintaba yo en aquel asunto. El hecho de que se involucrara al UMA significaba que había algo sucio de por medio. Algo que requería una actuación ‘especial’, como eufemísticamente solía decir mi operador. Lo que traducido a la práctica significaba que debía encontrar al culpable y ‘encargarme’ yo mismo de el.
Detective, juez y ejecutor. Todo en uno. Mi parte favorita era la de Ejecutor.
Después de los años veinte se había establecido un cierto equilibrio entre las organizaciones criminales y los poderes públicos. Las primeras aportaban su granito de arena a la economía del país, gestionando eficientemente la importación y exportación de drogas y armas. Los segundos les facilitaban un poco las cosas a cambio de una pequeña tajada. Mientras que cada parte se ocupara de sus asuntos y cumpliera su parte del tácito trato, todo funcionaba bien. Pero cuando uno de los capos de la mafia se sentía demasiado poderoso y liquidaba a algún político o a algún un pez gordo de una Corporación que se hubiera mostrado poco colaborador, entonces era cuando el UMA entraba en escena para poner las cosas en su sitio.
A veces es necesario recordar quien tiene el Poder.
El problema suele ser el exceso de poder. Cuando alguno de esos tipos acumula demasiado se siente invencible, invulnerable. Siempre piensan que pueden pararte. No creen los rumores que escuchan sobre los Meta-Agentes. Creen que cincuenta o cien tíos armados hasta los dientes podrán protegerles. Creen que las balas podrán detenernos. Me encanta la cara que ponen esos tíos, esos mafiosos súper millonarios, cuando entro en el bunker donde se esconden, después de haberme cargado a todos sus matones, después de haber enviado al infierno hasta la última alma que los protegía. Esos tíos tiemblan de miedo. Esos tíos lloran y suplican. Seguro que en ese momento se arrepienten de haberse cargado al Senador que no aceptó su soborno. Seguro que se arrepienten de haberse reído de las historias que sus matones le contaban sobre nosotros. La mano dura del Gobierno. Se trata del contrapeso necesario para que las organizaciones criminales no se te escapen de las manos. Se trata de la última línea de defensa antes de que la mafia se adueñe del país. Esos tíos duros se cagan encima, se mean en los pantalones. Esos tíos duros tiemblan como niños. Cuando me ven entrar saben que las puertas del infierno se están abriendo para recibirles.
Ciertamente, el caso del profesor asesinado debía de ser algo importante para el puto gobierno. La prueba era que yo estaba involucrado.
siete
Llegué a mi apartamento poco antes de las once de la noche. Resistí la tentación de tomar un whisky. Cuando tengo trabajo intento mantenerme sobrio. El alcohol era lo único que me hacia soportar el paso del tiempo cuando me encontraba inactivo. Cuando no tengo nada en lo que mantener ocupada mi mente, solo puedo pensar mi hija. La hija que nunca tuve. Pienso en como será su vida, pienso en como la tratará su falso padre. Pienso en mi ex-mujer follando con su nuevo marido. Viviendo una vida feliz. Una vida que tendría que haber sido mía. No me quedaba nada. Estaba vacío. Solo me sentía vivo mientras trabajaba. Necesitaba la acción. Necesitaba la adrenalina corriendo por mi sangre. Necesitaba oler el miedo a mi alrededor. Eso era lo único que me hacia olvidar mi vida perdida. Eso y el alcohol.
Aparte aquellos pensamientos de mí. Tenia trabajo por delante. Me di una ducha helada. Puse un CD de stret-spirit y me tumbe en el sofá a esperar que llegara mi amigo. Las palabras de la vieja canción inundaron el apartamento
I wonder: should I let you sleep?
That's my start out on controversy.
Oh my love, stay, stay
Oh my love, stay, stay
I wonder: what's left of me?
What's under and what's left between?
Oh my love, stay, stay, oh
Oh, God, stay, stay, oh
And you know I won't let it be
And simply, out of entropy, I won't let it be.
Había crecido con esa música. Mi padre la escuchaba a todas horas. Decía que era lo mejor que se había hecho a finales del siglo veinte. Mi pobre padre. Recuerdo haber pasado la mayor parte de mi infancia junto a el en su estudio de grabación. Mientras mi padre componía sus canciones y yo jugaba allí tumbado en el suelo, escuchábamos aquella música una y otra vez. El me miraba y sonreía feliz. Mi padre y sus sueños...
El timbre de la entrada me sobresaltó. Casi me había quedado dormido. Aquella música era lo único que me relajaba. Me transportaba a los días felices de mi niñez.
Tom entro en mi apartamento con expresión preocupada.
-Será mejor que me pongas un whisky. Y tú sírvete también otro, aunque tengamos trabajo por delante. Lo vamos a necesitar. – Tom dejó su maletín sobre mi sofá y me miró con una sonrisa nerviosa.
-¿Que ocurre Tom?
-No se por donde empezar...es de locos.-era la primera vez que le veía tan preocupado por algo.-el proyectil que hemos sacado de la cabeza del profesor es...cuanto menos sorprendente...
Alargué un vaso a Tom y me serví otro para mí, indicándole que se sentara. Bebí de un trago el contenido del vaso.
-Vayamos poco a poco Tom.
-Tienes razón. Tenemos que analizar la información con serenidad. Pero te aseguro que se ha armado un buen revuelo en el departamento. Aunque también te sorprenderá saber que todo el personal relacionado con el caso ha sido puesto en cuarentena informativa. Todos los datos de esta investigación se han clasificado como secreto de nivel diez.
Mis sospechas se confirmaron. Estábamos metidos en algo gordo.
-Empecemos por el proyectil. ¿Que es lo que tiene de extraordinario?
-Mas que el proyectil en si, se trata de su comportamiento. ¿No te extrañó la posición en la que había quedado el cuerpo tras el disparo? la postura era demasiado natural, no era normal para un impacto en el cráneo. Si le dispararon dentro del despacho, desde una distancia de apenas un par de metros, el proyectil proyectado por cualquier arma conocida hubiera atravesado el cráneo de lado a lado, no se hubiera quedado alojado en el interior.
-Tal vez le mataron en el exterior, fuera del despacho. Desde lejos, a una distancia tal que el proyectil llega apenas con la fuerza necesaria para penetrar el hueso y alojarse en el cerebro. Luego llevan el cadáver al interior e intentan que parezca que le han disparado allí dentro –dije. Aquello era bastante poco probable, pero había que considerar todas las posibilidades por descabelladas que parecieran a priori.
-De acuerdo, pero esa fue la primera hipótesis que descartamos. Analizamos el tejido muscular del cuerpo y comprobamos que no había sido manipulado después del fallecimiento. Murió sentado en aquel sillón. Además...
Tom había sacado una bolsita de plástico de su maletín. Dentro había un diminuto trozo de metal de unos dos milímetros de largo. Era extremadamente afilado.
-Las sorpresas comenzaron cuando abrimos la cabeza para extraer la bala y encontramos esto. –dijo balanceando la bolsita frente a mis ojos. Alargué la mano para cogerla.
-El cerebro estaba hecho literalmente papilla. Eso, -dijo señalando la bolsita -estaba alojado en el interior de la masa cerebral. Ni siquiera había llegado a la parte posterior del cráneo. Se había detenido justo allí, en el centro de la cavidad craneal, como si se le hubiera agotado de pronto la energía cinética...
Sentí un sudor frío en mi espalda. No necesitaba acabar de oír la explicación para intuir lo que podía significar aquello.
-Se que es de locos...-dijo Tom. –pero no hemos encontrado otra explicación. Algo tan pequeño, sin contener ningún tipo de explosivo, no puede causar tanto daño. Así que pensamos que la energía cinética del proyectil que se desplazaba a altas velocidades fue transferida de alguna forma al exterior, haciendo convirtiendo en pulpa todo lo que encontró a su alrededor.
Me miró con gesto preocupado.
-Pero... ¿como puede ser eso posible? –dije aunque sospechaba cual podía ser la respuesta.
-Eso es lo que los chicos están intentando averiguar. ¿Recuerdas la marca en forma de círculo alrededor del orificio? Pensamos que puede tratarse de un túnel electromagnético. Se establece entre dos puntos y a través de el viaja una pequeña esquirla metálica a mas de 300 kilómetros por hora. Al final del túnel el metal se detiene...
-Y transfiere la energía al exterior...muy ingenioso.
-Si. Mucho. Aunque no tenemos ni idea sobre cómo han conseguido hacerlo funcionar realmente. Nosotros llevamos algún tiempo intentando desarrollar algo así...pero al parecer alguien se nos ha adelantado. Lo más inquietante es que podría resultar letal para...
-Para un Meta-Agente.-dije finalizando su frase. Tom guardo silencio.
Si aquello era tal y como imaginábamos nos encontrábamos ante un arma capaz de abatirme de un solo disparo. Los Meta-Agentes, con nuestro exoesqueleto reforzado y las nanomaquinas reparadoras que circulaban por nuestro torrente sanguíneo, éramos prácticamente invulnerables ante las armas ligeras convencionales. Sin embargo, el metal que recubría mis huesos actuaría como un amplificador ante un túnel electromagnético. Un pequeño trozo de metal como aquel podría penetrar en mi cuerpo y destrozarlo.
Aquella arma parecía haber sido diseñada específicamente para acabar con tipos como yo. Por primera vez en muchos años me sentía vulnerable.
-¿alguna idea sobre quien ha podido fabricar algo así? –dije rompiendo el silencio.
-No. Hay algunas Corporaciones a las que estamos pagando para desarrollar una tecnología similar, pero aun estamos a años luz de poder fabricar un arma así.
La expresión usada por Tom me sobresalto. “A años luz” había dicho. O tal vez la luz había viajado varios años atrás para contarnos los secretos del futuro. Tal vez el transmisor de Fastworth estaba más desarrollado de lo que había admitido y alguien estaba utilizándolo ya para enviar información sobre tecnología avanzada a nuestra época. Sin embargo, yo no acababa de creerme el cuento de la transmisión de luz hacia el pasado, así que aparté aquella idea de mi mente e intenté concentrarme en los detalles del caso.
-En cuanto al análisis de la zona. –dije- ¿que habéis encontrado? ¿Sabemos quien fue la última persona que vio a Fastworth?
-Si. –Tom volvió a guardar la inquietante bolsita en su maletín. -el análisis de residuos orgánicos que encontramos en el despacho ha confirmado que la ultima persona en entrar allí fue Jane Linn. Al menos la última que dejo un rastro detectable. En este análisis también hemos encontrado algo más, algo extraño, es la otra cosa que me inquieta.
Así que ya teníamos a nuestra asesina, pensé.
-¿Y que es eso tan extraño que habéis encontrado?
-Se trata de los restos de tejido y ferormonas que hemos analizado. Uno de los genotipos no se corresponde con ningún ser vivo conocido. Es humano, pero ha sido modificado, alterado de alguna forma para ser...
Su última frase quedó congelada para siempre en su garganta. Sus ojos me miraron fijamente, con la mirada suspendida en un extraño éxtasis. He visto demasiados cadáveres para no saber reconocer a uno en el acto. Fui hasta la ventana abierta desde donde había venido el disparo. Al asomarme fuera un silbido zumbo sobre mi cabeza. Abajo pude ver a la doctora Linn apuntándome con un arma.
Nuestras miradas se cruzaron durante un instante.
Me arrojé al vacío. Mi apartamento se encontraba en la planta quinta pero los veinte metros que me separaban del suelo no eran ningún problema para mi exoesqueleto. Cuando aterricé, la doctora Linn ya huía. Me sorprendió lo rápido que se alejaba de mí. Salí disparado detrás. Las nanomaquinas integradas en mi musculatura, junto al refuerzo con materiales sintéticos en las fibras musculares me permiten alcanzar una velocidad en carrera de más de ochenta kilómetros por hora. Es difícil escapar de mí si huyes a pie. La doctora giró su cabeza para comprobar donde me encontraba y para mi sorpresa aceleró su marcha aún más. Corríamos entre la vegetación a toda velocidad. Linn aumentaba progresivamente la distancia que nos separaba. Ninguna persona normal debería poder correr así. Mas tarde me preocuparía de quien o que era la doctora Linn. En cuestión de segundos atravesamos los tres kilómetros del pequeño bosque que separaba el edificio donde vivía del downtown. Supe que si no la alcanzaba antes de llegar a la primera manzana la perdería entre las calles del centro. Aceleré todo lo que pude y noté como me fallaba el aliento. Las eternas borracheras comenzaban a cobrarse su precio. Linn alcanzó el primer edifico y viró a la derecha, saliendo fuera del alcance de mi vista. Llegué a ese punto con el tiempo justo de verla subir a una moto y perderse avenida abajo. Me detuve jadeando. El sonido de la motocicleta se perdía ya en la distancia.
¡Mierda! descargué un puñetazo de rabia contra la pared que había junto a mí. Fragmentos de hormigón volaron a mi alrededor. Inspiré profundamente. Si de algo me tenía que servir todo mi entrenamiento era para mantener la calma en las situaciones complicadas. Emprendí el camino de vuelta hacia mi apartamento intentando tranquilizarme. Acababa de descubrir que no me enfrentaba a vulgares criminales. Doctoras en física quántica que escapan a pie de un Meta-Agente no son algo con lo que me encuentre todos los días. Fuera quien fuera, su cuerpo había debido sufrir modificaciones similares a las mías. Si alguien había emulado a nuestros Meta-Agentes y desarrollado un arma capaz de destruirnos, se había preparado a conciencia para combatirnos. Pero, ¿quién podría tener el poder, la capacidad y los recursos necesarios para hacer algo así?
¡Maldita sea! Aquello me sobrepasaba. Reprimí un nuevo brote de furia. La adrenalina es buena para pelear, no para pensar. Ya llegaría el momento de dar rienda suelta a mi cólera.
Cuando hube regresado al punto donde habíamos iniciado la carrera me quedé contemplando la fachada del edificio donde vivía. Para realizar el disparo que mató a Tom Linn tendría que haber escalado la fachada hasta mi ventana cinco pisos más arriba. Hasta ahora no me había percatado de lo fácil que podía resultar trepar por esa fachada. Aunque el interior del edificio había sido remodelado completamente para construir apartamentos de lujo, por algún estupido y nostálgico motivo se había conservado la fachada exterior del siglo XX, llena de adornos y salientes. De un salto subí hasta la cornisa de la primera planta que se encontraba a unos cinco metros sobre el suelo. A partir de ahí era sencillo ascender planta a planta usando la mampostería que a derecha e izquierda flanqueaba los ventanales principales. Sin dificultad llegué hasta la ventana de mi apartamento escalando la pared como una araña humana.
Eché un vistazo al interior. Tras el sillón se adivinaba el cuerpo inerte de Tom. En la parte trasera del respaldo pude ver un pequeño orificio originado por el proyectil en su camino hasta el cerebro de mi amigo. Examiné la porción de pared sobre la ventana buscando el segundo disparo de Linn. Un par de metros más arriba había otro diminuto agujero. Su puntería no debía ser muy buena si esa bala iba destinada a mi cabeza. Entré en mi apartamento por la ventana y cogí uno de los buriles especiales que utilizábamos para sacar los proyectiles de las paredes. De nuevo en el exterior no me fue difícil extraer el pequeño fragmento de metal de la pared. Era exactamente igual al que Tom me había mostrado minutos antes. Igual que el extraído de la cabeza del profesor Fastworth.
El círculo se cerraba. Aunque aun había muchas incógnitas por despejar había encontrado a mi asesino. La falsa doctora Linn. Detective, juez y ejecutor. Había llegado el momento de asumir el tercer papel.
Volví al interior del apartamento. El pobre Tom seguía allí, en mitad de su frase congelada para siempre, con los ojos todavía abiertos y el cerebro convertido en pulpa.
si lo tocas pierde la vida...
Conecté mi consola y llamé a mi operador. La voz surgió en mi cabeza.
-Jack, te escucho.
-¡maldita sea Waits! –dije sin poder reprimir la rabia que sentía. Waits era el nombre de mi operador, al menos como yo le llamaba. Por supuesto desconocía su identidad real pero necesitas fingir que conoces el nombre de la persona a la que confías tu vida– ¡me estáis ocultando algo! ¿Qué está ocurriendo aquí? ¿Quién anda detrás de esto? –dije atropelladamente.
-¿a que te refieres? –dijo Waits sin alterarse lo mas mínimo.
-¡A que la doctora Linn, la supuesta colaboradora de Fastworth acaba de disparar a Tom desde mi ventana y ha escapado! ¡Ha huido! ¿Entiendes? ¡No fui capaz de alcanzarla!
-Vamos Jack, tranquilízate. ¿Que quieres decir? ¿Has sufrido un ataque aéreo? ¿Tom ha muerto?
Waits sabía que no había ningún edificio frente a mi ventana, así que había descartado automáticamente la posibilidad de un tirador apostado enfrente.
-¡maldito estupido! ¡Te estoy diciendo que esa mujer escaló la fachada de mi edificio y luego huyó corriendo a más de cien kilómetros por hora!
-¡pero eso no es posible! Eres el único Meta-Agente involucrado en este caso. Te lo puedo asegurar. Tengo bajo mi control a todos los que operáis en el país en estos momentos, y ni siquiera ninguno de ellos es una mujer...
-¡No puede ser! Esa mujer se movía como un Meta-Agente. Waits, si sabes algo más...tengo que saber que esta ocurriendo aquí...
-Te estoy diciendo la verdad Jack. Confía en mí, como siempre lo has hecho. La investigación de Fastworth ha sido clasificada como prioritaria para los intereses de la nación, eso es todo. Por eso nos involucraron a nosotros. Se trataba de averiguar quien esta detrás del asesinato. No te estamos ocultando nada. No hay ninguna contraoperación en marcha, creeme.
Pero eso no tenia sentido. Nada tenia sentido.
-De acuerdo. Pero si no se trata de una operación doble, si la doctora Linn no es un Meta-Agente. ¿Quién demonios es entonces?
-No tengo la menor idea Jack. Sabes que tenemos bajo nuestro control la tecnología necesaria para realizar la meta simbiosis. Quizás los asiáticos han logrado ocultarnos sus verdaderas capacidades tecnológicas, pero lo dudo. Los tenemos cogidos por los huevos desde la guerra del veinte. No pueden fabricar un chip sin que lo sepamos.
-¿Alguien de dentro entonces? ¿Otra Escisión tal vez?
-¡Por Dios Jack! Ni lo menciones. No. esa doctora Linn o como se llame realmente no es un Meta-Agente. Te lo aseguro. Quien quiera que la haya creado lo ha hecho totalmente a nuestras espaldas.
Medité durante unos instantes. Alguien se había preparado para enfrentarse abiertamente a nosotros. Después de treinta años de supremacía la idea me hizo estremecer. Sin embargo en el fondo sentí cierta alegría. Por fin un desafío de verdad. Por primera vez desde que sufrí la transformación me enfrentaba a alguien de igual a igual. Quizás ahora podría encontrarme con la muerte cara a cara. No la temía. Tampoco la deseaba. Solo quería enfrentarme a ella...y ganar.
-¿puedo contar con ayuda? –pregunté.
-No. Lo siento Jack. No sé a que tipo de amenaza te enfrentas, quizás la más grave que hemos encontrado hasta ahora. Pero el resto de agentes están en misiones de prioridad uno. De momento no estoy autorizado a desviar recursos, aunque informare al Presidente para ver que se puede hacer. Lo siento pero por ahora estas solo.
-bien.-dije, no me importaba, quería llegar yo mismo hasta el final, vengar la muerte de mi amigo -Continuaré con la investigación. Una cosa más, necesito que un equipo venga a llevarse el cuerpo de Tom.
-Por supuesto. Estarán ahí en diez minutos.
La comunicación se cortó.
Tom me miraba con sus ojos inexpresivos. Se los cerré.
Me senté en el sofá donde yo me encontraba cuando le dispararon. Era evidente que esa bala iba destinada a mí. Desde la ventana no pudo verme, tan solo se divisaba el sillón donde se encontraba Tom y le confundió conmigo. Murió en mi lugar.
-Lo siento viejo amigo. Siento que haya sido así.
Cerré los ojos y recapacité sobre lo que debía hacer a continuación. Aún no tenía ni idea sobre quien estaba detrás de la operación, pero ahora mi primer objetivo era encontrar a la doctora Linn. Sabia que vivía en uno de los apartamentos para residentes dentro del recinto del CTH, pero supuse que no volvería allí ahora que había sido descubierta. No obstante, decidí volver al Centro Tecnológico y entrar en los archivos del profesor Fastworth. La clave de todo estaba en su trabajo, así que quizás sus notas me dieran alguna pista sobre que demonios estaba pasando.
Me serví un vaso de whisky.
-A tu salud Tom.-dije antes de bebérmelo de un trago.
Desplacé uno de los paneles de madera que revestían las paredes del dormitorio. Detrás se encontraba el compartimento donde guardaba mis armas. Iba a necesitar lo mejor de mi arsenal. Además del par de pistolas que suelo llevar en las fundas de las sobaqueras, me coloqué bajo la chaqueta un cinturón cargado con munición de reserva, otro par de pistolas y todo un repertorio de explosivos capaces de demoler una ciudad completa.
Volé por la autopista. El resto de vehículos se convirtieron en luces borrosas que retrocedían a mi paso como estrellas fugaces.
Mi padre solía decir que no hay forma de saber si eres tu el que se mueve o se trata del resto del universo alejándose de ti.
Mi padre solía decirme cuando yo era niño, y aún le escuchaba, que huir no sirve de nada porque nunca te puedes alejar de ti mismo.
Yo llevaba años en una frenética huida hacia adelante, o quizás era hacia atrás. No importa. El mundo entero era una delgada línea luminosa que yo nunca podría superar, por mucho que corriera.
Cuando llegué al CTH dejé atrás todas las precauciones sobre mi identidad. Emití una señal con mi código personal y todos los controles me dejaron pasar. El megapoli de la ultima puerta de acceso me miró con cara de asombro cuando pasé frente a el. Imaginate a un tipo de setenta kilos sobre una moto de dos toneladas, con un traje gris y un pequeño arsenal sobresaliendo bajo la chaqueta. Imaginate que acabas de saber que ese tipo es una de las personas más peligrosas del planeta. Imaginate que ese tipo te mira al pasar y te guiña un ojo con una media sonrisa forzada en la cara. Puedes estar seguro de que esa noche va a haber jaleo.
Entré en el edificio que había conocido por primera vez aquella mañana. Al pasar frente al despacho de la doctora Linn advertí que la puerta estaba abierta, pero el despacho se encontraba vacío. Cuando hubiera inspeccionado el de Fastworth volvería allí, pensé. Quizás encontrara alguna pista sobre su paradero. Avancé por el largo pasillo hasta la última puerta. Por algún motivo tan solo estaba activada la iluminación de emergencia. El pasillo se encontraba en una semipenumbra amarillenta. En el silencio, mis pasos resonaron lúgubres. La puerta del despacho de Fastworth también estaba abierta. Dentro, la doctora Linn me esperaba sentada tras el escritorio del profesor con una sonrisa amable mientras me apuntaba a la cabeza con su arma.
seis
-Jack, tenemos que hablar. Yo…te debo algunas explicaciones…-su voz seguía sonando sensual, aunque algo había cambiado en el tono, parecía más natural.
-Por supuesto que tenemos que hablar. Necesito averiguar algunas cosas antes de partirte tu bonito cuello. –dije con frialdad.
Dejó escapar una risita nerviosa.
-Por favor, dame una oportunidad... -dijo -No soy lo que piensas.
-¿Mataste a Fastworth verdad?
-Si, pero cuando conozcas mis motivos se que me ayudarás. No soy yo a quien tenemos que enfrentarnos.
-¿ah no? –mientras hablábamos pensaba en la forma de eludir aquel arma e inmovilizar a la doctora sin matarla. Aunque si era lo que yo sospechaba no seria tan fácil. Probablemente era tan fuerte como yo.
-Verás Jack...es una larga historia. Necesito explicarte algunas cosas para que puedas confiar en mí.
-¿confiar en ti? ¿después de que trataras de matarme hace un rato en mi casa? ¿Después de que mataras a mi amigo?
-¡Yo no maté a tu amigo! Estaba allí porque intentaba protegerte, pero llegué tarde.
Aquello era gracioso. Después de ver con mis propios ojos como me disparaba y huía de mí, intentaba hacerme creer que lo que intentaba era protegerme de alguien. No alcanzaba a comprender que pretendía burlándose así de mí.
-¿Y de quien se supone que ibas a protegerme?
-Del Bio que subió hasta tu ventana y trató de dispararte. –dijo como si se refiriera a algo obvio para cualquiera. -cuando tu te asomaste, saltó hasta la azotea del edificio. Fue demasiado rápido y fallé el disparo. La bala silbó sobre tu cabeza y pensaste que te disparaba a ti.
-¿Pero que demonios es un Bio? ¿de que rayos me estás hablando maldita asesina chiflada?
Estaba comenzando a perder el control. Sentía ganas de aplastarle su hermosa cabeza. Ella se limitó a mirarme impasible.
-Ya te he dicho que es una larga historia...por favor…déjame que te cuente algo... -su voz volvía a ser sincera, incluso suplicante.
Decidí darle algo de tiempo mientras se me ocurría la forma de neutralizarla.
-Está bien. Habla.
-La persona que te siguió hasta tu casa es lo que llamamos vulgarmente un biónico, un ser íntegramente orgánico pero cuyo metabolismo ha sido modificado genéticamente para desarrollar estructuras inorgánicas que le otorgan unas capacidades similares a las tuyas, con la diferencia que él las obtuvo de nacimiento.
-Claro, y tu también lo eres ¿verdad? por eso puedes correr tan rápido...
-Si, yo también lo soy. –Linn bajó sus ojos por un instante. Dudé en alcanzar su brazo y arrebatarle la pistola, pero algo en su expresión me detuvo.
-Jack, ese ser biónico y yo no pertenecemos a esta época. Hemos viajado en el tiempo retrocediendo treinta años, desde 2087 hasta ahora.
Bueno, aquello era el colmo. Linn era la mejor actriz que yo había visto en mi vida. Su voz era tan convincente que la hubiera creído de no ser la mayor estupidez que había escuchado en boca de un asesino en todos mis años como detective.
-Antes de que me tomes por loca, te contaré la historia completa. –dejó la pistola sobre la mesa. –necesito que confíes en mí. Necesito tu ayuda. –me miro con sus grandes ojos verdes, suplicando comprensión con la mirada.
Me sorprendió su actitud. Debía estar realmente loca si pensaba que me iba a tragar su historia. Sin embargo no hice nada. Algo en aquella mirada en su hermoso rostro lograba mantenerme paralizado.
-Habla –dije cortante. Su expresión se relajó visiblemente aliviada ante la tregua que yo le estaba concediendo.
-Siéntate, esto llevara algo de tiempo. Debo explicarte todo desde el principio...
Me senté en la silla frente al escritorio, la misma silla que ella había ocupado hacia unas horas mientras yo hacia las preguntas.
-Como te conté esta mañana, los trabajos que llevaba a cabo el equipo liderado por Fastworth, del que yo misma formaba parte, consistían en encontrar un medio para enviar fotones, es decir luz, a velocidades superluminicas, por así decirlo. Como bien sabrás, desde la formulación de la teoría de la relatividad por Einstein sabemos que el tiempo es una dimensión más, la cuarta, que junto a las tres dimensiones espaciales forma lo que se denominó el espacio-tiempo. Tienes que entender Jack, que lo único que diferencia la dimensión temporal de las otras tres es nuestra forma de percibirla. Sentimos que el tiempo avanza en una única dirección inexorable, pero eso no significa que no sea posible movernos en sentido opuesto...
-Pero eso no...
-Ten paciencia. Aun no he llegado a la cuestión que quiero que entiendas. –puso sus manos perfectas sobre la mesa mientras me miraba con sus irresistibles ojos verdes. –Como también conocerás, si utilizamos las ecuaciones de Einstein para calcular la trayectoria de un cuerpo que se desplazara hipotéticamente a velocidades superiores a las de la luz, la línea de tiempo resulta invertida, siendo el instante de llegada anterior al de salida. Cuando se alcanzó ese resultado se pensó que era algo totalmente ilógico, así que se solucionó el aparente absurdo trabajando con la hipótesis de que la velocidad de la luz era una constante universal, un máximo natural que no podía ser sobrepasado. De esa forma desaparecía el incomodo resultado. Sin embargo, el hecho de que algo nos parezca ilógico no significa necesariamente que no pueda ser así. El punto de partida del trabajo del profesor Fastworth fue considerar que la velocidad de la luz no era una constante, sino una variable que pudiera tomar, a priori, cualquier valor. Dedicó parte de su vida a desarrollar una solución de las ecuaciones de Einstein partiendo de esa premisa, y extrajo una serie de consecuencias muy interesantes.
Hizo una pequeña pausa para que yo pudiera asimilar sus palabras. Había escuchado una explicación similar en boca de Simak por la mañana. No veía que pretendía hablándome sobre todo aquello de nuevo. ¿Trataba de ganar tiempo? ¿Esperaba a alguien más?
-Una de esas consecuencias –continuó -fue establecer una analogía entre el funcionamiento a nivel de partículas, tal y como explica la mecánica cuántica, y el comportamiento de la materia a nivel macroscopico. La física de partículas dice que no podemos conocer el camino concreto que ha seguido una partícula, sino únicamente la probabilidad de que se encuentre en una determinada posición en un instante dado...
-conozco los principios de la mecánica cuántica, puedes saltarte esa parte –dije cortante.
-Bien, ahora sabemos que lo que ocurre a nivel de partículas en las dimensiones espaciales también sucede a nivel macroscopico pero relativo a la dimensión temporal. Las ecuaciones que describen ambos comportamientos son análogas, aunque en realidad se refieran a fenómenos totalmente distintos. Esto quiere decir que teóricamente es posible conocer las probabilidades para alcanzar un estado determinado en un instante t2 desde otro estado anterior en un instante t1, pero es imposible conocer cada uno de los estados intermedios por los que se pasará para llegar hasta ese estado diferente, o dicho de otra forma, el camino que se seguirá.
-no veo a donde nos lleva esto...-me sentía un poco ridículo recibiendo una lección de física de vanguardia en aquella situación surrealista.
-Déjame acabar. Otra de las conclusiones obtenidos por Fastworth fue que las ecuaciones solo admiten valores discretos para la variable c, que en su supuesto representa ahora la velocidad de la luz. La forma de calcular esos valores es bastante compleja. Solo hemos conseguido calcular media docena de ellos, pero la consecuencia práctica de eso es que los saltos o desplazamientos temporales solo son posibles dentro de unos rangos concretos y específicos. Esto quiere decir que no podríamos enviar el haz de luz hacia un instante de tiempo arbitrario que elijamos, sino tan solo a unos ciertos intervalos determinados por la solución particular de c que seleccionemos.
La doctora hizo una pausa para ver si yo la estaba siguiendo. Asentí. Aunque todo aquello era confuso para mí, más o menos entendía lo que estaba tratando de explicarme.
-Dicho de otro modo, es como si la línea temporal contuviera unos nodos o puntos de acceso que se encuentran interrelacionados entre si. En teoría es posible movernos de un nodo a otro, en cualquier dirección, adelante o atrás, pero nunca podríamos acceder a un instante intermedio entre dos de ellos. Además, los hechos que sucedan en un nodo afectan a los nodos colindantes, pero la probabilidad de modificar nodos mas alejados decrece exponencialmente con la distancia. Por así decirlo, las acciones se amortiguarían en el tiempo en lugar de amplificarse. El mito del efecto mariposa, del que supongo que habrás oído hablar alguna vez, es una patraña. Los actos insignificantes no crecen exponencialmente hasta desembocar en terribles consecuencias imprevisibles. Las guerras de la antigüedad no se ganaban o perdían porque un caballo perdiera una herradura. Las revoluciones tecnológicas no suceden por una pequeña casualidad. Tan solo los hechos poderosos, los sucesos persistentes son los que mueven la historia. Las cosas ocurren debido a una infinidad de causas trabajando conjuntamente para llegar hasta un resultado concreto. Para modificar, por ejemplo, un acontecimiento histórico importante, se necesitaría efectuar una enorme cantidad de acciones desarrollándose durante un largo periodo de tiempo, de forma que finalmente se contrarrestaran todas las causas que lo originaron.
-Sigo sin ver como explica esto el asesinato...
-Ahora centrémonos en el problema que el profesor intentaba resolver y en como lo consiguió.-Linn continuo su exposición ignorando mis palabras. Su voz denotaba cierto entusiasmo. –El profesor Fastworth sabía, como acabo de razonar, que para alcanzar un cierto resultado es necesario desencadenar una serie de hechos. Pero una vez que esos hechos determinan el objetivo deseado, el camino entre punto de origen y el final es totalmente irrelevante. Al igual que el camino seguido por una partícula, el camino seguido por un acontecimiento en la línea temporal no afecta al resultado final. Y ahora llegamos a una aplicación práctica de todo esto...
Me miró con sus grandes ojos verdes. No pude reprimir que un escalofrío recorriera mi cuerpo.
-El objetivo final de Fastworth era mejorar la tecnología que estábamos desarrollando para alcanzar una velocidad lumínica mayor que la que habíamos logrado hasta ahora. De esa forma el salto en el tiempo también seria mayor que el que habíamos conseguido, digamos de varios años. Pero aunque de sus ecuaciones se desprendía que tal cosa era posible, no teníamos ni idea de como hacerlo. Para nuestro experimento actual, en esta época, habíamos elegido el múltiplo de c más bajo posible que nos había llevado a un desplazamiento de unas pocas milésimas de segundo. Y aún así el proceso ya consumía una cantidad desmesurada de energía, energía necesaria para generar la materia exótica que utilizamos. Si la energía invertida es proporcional al incremento de velocidad que buscábamos, entonces necesitaríamos la potencia de un sol para lograrlo. Debía de existir alguna otra alternativa...
-¿Y esa fue la idea que tuvo Fastworth, lo que había descubierto antes de morir?
-No exactamente. Fastworth no tenia ni idea sobre como resolver ese problema. El no era ingeniero y las cuestiones tecnológicas quedaban fuera de su alcance. La idea genial de Fastworth fue la siguiente: había establecido los modelos matemáticos y había movilizado los recursos para las inversiones en tecnología necesarios. Para ello había convencido a la Administración de que su trabajo era crucial para el País. Como imaginarás, no es difícil convencer a nuestro ambicioso Gobierno de las ventajas que manipular la historia te pueden otorgar. Al principio nadie le creyó, pero finalmente, cuando amenazó con ofrecer su trabajo a los asiáticos obtuvo los fondos necesarios. De hecho, hace tres meses, después de demostrar que sus teorías eran acertadas el proyecto paso a ser prioritario para el Gobierno y nuestro presupuesto se disparó.
Así que, pensé, por eso se había producido el incremento en la seguridad. Los de arriba se habían tragado el cuento de la transferencia de información en el tiempo.
-En definitiva –continuaba Linn –se había asegurado de que los esfuerzos para resolver el problema no cesarían hasta dar su fruto. Si me has entendido hasta ahora, comprenderás que lo que el profesor hizo fue desencadenar una secuencia de acontecimientos de tal forma que, según sus cálculos, dentro de un cierto intervalo de tiempo alguien conseguiría resolver el problema, y ese alguien podría comunicarse a su vez con nosotros desde el futuro para contarnos como lo habían hecho.
-¿me estas diciendo –dije perplejo -que en lugar de resolver el problema decidisteis confiar a que alguien lo resolviera mas adelante y luego, usando el propio invento, se comunicara con vosotros para explicaros como lo habían logrado?
-Mas o menos. –Linn sonrió satisfecha de que hubiera entendido su enrevesada explicación –No se trata de sentarnos a esperar que nos digan la solución. Realmente no teníamos la intención de detener la investigación. Una decisión así hubiera hecho tender a cero la probabilidad de que se produjera el descubrimiento en algún momento posterior. Nuestro trabajo consistía en favorecer las probabilidades de que ocurriera lo que deseábamos, pero la forma de obtener el resultado, el camino, era irrelevante.
-¿así que esa era la genial idea que tuvo Fastworth? Esperar noticias del futuro…
-Si. –la voz de Linn era seria. No había captado la ironía de mi pregunta. –A pesar de que sus ecuaciones corroboraban estas ideas, ni siquiera el mismo estaba convencido de que realmente fuera posible, así que lo mantuvo en secreto.
-Hasta anoche...
-Si. Anoche detectó una comunicación en el receptor óptico que habíamos instalado para los experimentos. Alguien trataba de ponerse en contacto con está época. El mensaje recibido venia desde el futuro, justamente treinta años después de la fecha en la que nos encontramos. En algún momento entre ambos instantes de tiempo se había resuelto el problema y tal y como esperábamos, se pusieron en contacto con nosotros. Yo fui la primera en saberlo, el profesor me lo comunicó anoche y… por eso tuve que matarle.
Dios mío, era la justificación de un crimen mas rocambolesca que había oído en mi vida. Sin embargo, la franqueza con la que Linn me hablaba y su aparente sinceridad había despertado mi curiosidad. Linn guardaba silencio. Miraba fijamente la mesa frente a la que estaba sentada. Su arma estaba allí encima, esperando el momento en el que recobrar el protagonismo. A pesar de todo quería conocer su demente razonamiento hasta el final. O tal vez quería seguir escuchando su voz. Sabía que cuando las explicaciones terminaran, tan solo uno de los dos saldría vivo de aquella habitación. Así que dije:
-Lo que dices es absurdo, pero aún admitiéndolo, no entiendo porque debías de matar al profesor una vez hubo confirmado que estaba en lo cierto al pensar que alguien se comunicaría con el desde el futuro...si tu misma vienes de ese futuro…
-Para que comprendas eso, debes conocer algunas cosas mas...
-Lo siento pero tendréis que dejar las explicaciones para otro momento...quizás para cuando os volváis a encontrar...en el infierno.
Alguien más había entrado en la habitación. La voz provenía de mis espaldas. Pude ver como la cara de Linn se volvía pálida por el miedo.
-No toques tu pistola perra, si no quieres que te vuele la mano. –dijo la voz. La doctora se quedó inmóvil.
La voz era dura y fría. No contenía el menor rastro de emoción. Era el tipo de voz de un asesino profesional, entrenado para paralizarte de miedo con tan solo oírla. He oído muchas voces similares a aquella, pero por primera vez en fui yo el que sintió un atisbo de miedo.
Mientras me ponía en pie lentamente el tipo pasó junto a mí y cogió la pistola de Linn que estaba sobre el escritorio. Se trataba de un hombre joven, muy alto y muy robusto, casi el doble de voluminoso que yo. Me dio la espalda de forma que apenas pude ver su rostro. En su mano izquierda sostenía una de esas pistolas de fragmentación, similares a las que yo usaba. Ciertamente, un disparo de aquella arma podía arrancarte una mano de cuajo, incluso si tenías un exo-esqueleto reforzado como el mío. Aunque Linn gozara de la misma protección que yo, cosa que desconocía, a aquella distancia un disparo podría causarle graves daños. Evalué rápidamente la situación. El tipo se guardo su pistola en el cinturón mientras apuntaba a Linn con su propia arma. En cambio no se preocupó de mí. Eso significaba que no sabía que yo era un Meta-Agente. Había concentrado su atención en la doctora, que permanecía inmóvil mirándole, como un pequeño pájaro hipnotizado por una serpiente. Fuera o no cierta su historia, algo parecía claro, ese tío era peligroso. Lo sentía. Decidí actuar.
Descargué con todas mis fuerzas un puñetazo en su nuca. El tremendo impacto lo lanzó hacia la pared del fondo del despacho, contra la que se estrelló con gran estrépito. Sin embargo, en unos instantes contemplé atónito como el tipo no solo seguía consciente sino que me miraba con cierta sorpresa mientras trataba de ponerse en pie. Aquel golpe hubiera pulverizado la cabeza de cualquier hombre normal y a el tan solo le había atontado un poco.
La voz de Linn resonó en mis oídos sacándome de mi sorpresa:
-¡Huyamos! ¡Rápido!
Salió disparada por la puerta y yo la seguí. Corrimos por el largo pasillo y antes de salir del edificio eché un último vistazo atrás. El individuo había salido del despacho y aunque aún parecía algo aturdido por mi golpe ya comenzaba a correr hacia nosotros.
-¡Tenemos que alejarnos de el! –Linn también se había detenido un instante junto a la puerta y observaba conmigo como aquel tipo comenzaba a caminar hacia nosotros. Emprendimos una carrera desenfrenada a través de la explanada que separaba el edificio donde nos encontrábamos del conglomerado principal. Linn corría realmente rápido. En unos segundos llegamos al enorme edificio que albergaba la mayoría de las instalaciones del CTH.
-Tenemos que pensar algo. –dijo Linn, respirando agitadamente. -Nosotros somos más rápidos, pero el es más fuerte. Si nos atrapa estamos perdidos.
Mis pulmones estaban a punto de estallar. Casi no había podido aguantar su ritmo de carrera, pero me abstuve de comentar que probablemente yo ni siquiera era más rápido que el.
-¡Vamos! –dijo tras unos segundos –Nos esconderemos en las instalaciones del antiguo acelerador. Es un laberinto de túneles y salas ahora abandonados, pero las conozco perfectamente. Allí podremos refugiarnos hasta que se nos ocurra que hacer para librarnos de el.
Entramos al edificio y accedimos a una gran sala rodeada de mostradores vacíos. Me pregunté para que servirían mientras corríamos hacia los ascensores del fondo. Sobre una de las puertas leímos ‘Nivel 7 – Acelerador’. Entramos con el tiempo justo de ver a nuestro perseguidor entrar en el edificio mientras la puerta del ascensor se cerraba y comenzaba a descender, mas despacio de lo que hubiéramos deseado, hacia las entrañas de la tierra.
-Los llamamos los Eli, de Eliminador. Aunque tiene una estructura biológica similar a la mía, te aseguro |