Apresurado he recorrido montes y collados, Exhausto he buscado tu sublime presencia, Gritando en alta voz: ¿donde esta mi Dios, donde esta mi Dios? Desanimado, con los hombros tumbados, Con el sudor goteando, Con escalofrío absoluto, he bajado, Para mi sorpresa allí te vi, Estabas descansado y fresco, Disgustado te pregunté: ¿dónde estaba que no te encontré?
Tu con la paciencia que te caracteriza respondiste: “te vi apresurado subir montes y collados, al ver tu prisa, no te quise interrumpir, porque pensé, que no me buscabas a mi”. |