Ella yacía en aquella cama en una pose que me hacía recordar la Maja de Goya y su desnudez iluminaba el obscuro y triste cuarto de ese motel barato que acostumbrabamos frecuentar todos los Jueves como un par de desconocidos que se reunían allí y con un simple hola dabamos paso a una pasión que terminaba consumiendonos, haciendonos olvidar del indiferente mundo que nos rodeaba. Yo no sabía su nombre y ella no sabía el mío, pero eso nunca nos importó a pesar de todos esos Jueves; sin embargo ese ultimo Jueves al ver su tez desnuda, sonriendome e incitandome a ir de nuevo a la cama, sentí algo que me heló: sentí la necesidad de saber su nombre y conocer a cerca de su pasado. Esa idea me aterraba, pero me aterraba aún más el saber que a ella yo no le importaba, que lo que en verdad le importaba era mi dínero. Así que volví a la realidad y terminé el ritual como acostumbraba hacerlo, pero esta vez con la diferencia de que yo sabía que este iba a ser el ultimo Jueves,así que me vestí, le pagué lo acostumbrado y salí de aquel lúgubre cuarto y de aquel motel barato para seguir viviendo en la miseria de este indiferente mundo. |